Sociedad Noviembre 8, 2018

Jóvenes: alcohol y cerebro

Consumo de alcohol en adolescentes

La mayoría de los adolescentes de doce a diecisiete años manifiesta una frecuencia de consumo de alcohol de una vez al mes o menos, sin embargo un veintiséis por ciento de los jóvenes toma de dos a cuatro veces y un dieciséis por ciento de dos a tres veces por semana.

Un importante descubrimiento sobre el cerebro adolescente es que, durante esta etapa, se produce una disminución de la sustancia gris en regiones de la corteza pre frontal del cerebro. Este fenómeno se conoce como “poda neuronal” y corresponde al proceso por el cual las conexiones entre las neuronas que no han sido consolidadas son eliminadas.

De no ocurrir este fenómeno de manera correcta, podrían generarse trastornos en el funcionamiento del cerebro debido a una excesiva conectividad entre las neuronas. Este proceso tiene lugar durante la pre adolescencia y la adolescencia temprana.

Estos cambios del cerebro a nivel estructural se asocian con enormes mejoras en las habilidades cognitivas básicas y el razonamiento lógico.

Durante la adolescencia se produce un incremento de la sustancia blanca en la misma corteza pre frontal. En este caso, el proceso implicado se llama “mielinización” y consiste en que las neuronas se rodeen de una especia de capa de grasa llamada “mielina”.

Gracias a este recubrimiento, las neuronas ganan aislamiento eléctrico y se vuelven más eficientes para comunicar la información entre ellas.

La gran mayoría de los adolescentes se convertirán en adultos sanos y algunos cerebros vivirán experiencias que de a poco irán marcando el rumbo hacia un desarrollo anormal que puede conducir a enfermedades mentales como la adicción.

El alcohol impacta de lleno en las funciones del sistema nervioso como también en las funciones del sistema digestivo.

El inicio temprano del consumo de alcohol compromete seriamente las funciones hepáticas debido a la inmadurez del hígado y su afectación en la síntesis de enzimas que atrae como consecuencias de patologías hepáticas graves.

El alcohol tiene la propiedad de modificar la conciencia, el ánimo y la percepción de quién lo consume. Hace más lenta la actividad cerebral, alterando el estado de alerta, de coordinación física y tiempo de reacción.

Una vez en la sangre, el alcohol se distribuye por todo el organismo, afectando de forma especial a la actividad del cerebro.

La euforia y la desinhibición inicial proporcionada por el alcohol va seguida de sueño y cansancio, descoordinación, alteración de la atención, la memoria y la percepción y de la reducción del rendimiento intelectual y físico.