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Afrontar la crisis con la sabiduría de los adultos

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Los libros sapienciales del cristianismo enseñan que «la cabeza canosa es corona de gloria, y se encuentra en el camino de la justicia» (Prov. 16:31). Esa lección, contrasta entre el camino de la sabiduría y el de la necedad.

La cultura occidental y su exaltación de la vida juvenil, prueba que los necios toman malas decisiones. Por ende, el diálogo intergeneracional es urgente, ya que los adultos mayores transmiten la experiencia y la sabiduría de sus vidas y los jóvenes la llevan adelante.

Antes de asumir como obispo de Roma, el Papa Francisco I sentenció que si no atendemos a nuestros adultos mayores en sus relatos y vivencias y si no damos lugar a su sabiduría de toda una vida, hipotecamos el futuro.

Según el Papa, por entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio, «una sociedad sana no puede construirse sino con la memoria de nuestros mayores, la fortaleza de los jóvenes y la inocencia de los niños».


El conocimiento del pueblo implica saber que «la gloria de los jóvenes es su fuerza, y la honra de los ancianos, sus canas»


La República Argentina es un país envejecido. Alrededor de 7 millones de personas tiene 60 años o más y la esperanza de vida no supera los 78. En el Valle Calchaquí, al menos el 18% de la población es adulta mayor.

En el modelo de Derechos Humanos, las personas mayores tienen oportunidades para desarrollarse como individuos y contribuir a su sociedad adoptando multiplicidad de roles.

La secretaria de Derechos Humanos, Gerontología Comunitaria, Género y Políticas de Cuidado de la Nación, Mónica Roqué, explicó que, en política, eliminar las barreras institucionales, jurídicas y físicas, es el ejemplo a seguir para reconocer, respetar y valorar la experiencia de las personas adultas.

Ese paradigma, fomenta nuevas y más sabias políticas de salud pública y propuestas originales de un sistema de bienestar más adecuado, eficaz y humano, exigido por una ética del bien común y por el principio de respeto a la dignidad de cada individuo sin distinción de ningún tipo, ni siquiera por la edad.

Toda la sociedad vallista, civil y religiosa, el mundo de la cultura, de la escuela, el voluntariado, de las artes escénicas, de la economía y de las comunicaciones sociales deben sentir la responsabilidad de sugerir y apoyar nuevas medidas que permitan acompañar y cuidar a los adultos mayores: un cambio cultural que debe ser implementado.