Política marzo 13, 2017

Almeda Barroso Casimiro

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El escudo municipal de Cafayate encontró su soporte político, desde el Partido Justicialista, para llenar el vacío que dejó el Frente para la Victoria y se convirtió en la única y excluyente gran alianza por encima y por fuera de las candidaturas.

El contacto entre Fernando Almeda, Ariel Barroso y Sebastián Casimiro es cara a cara con los votantes. La gestión es la estrategia y a la par de ella, nadie. El secretismo no existe y los líderes políticos de la Provincia de Salta lo saben.

Juan Carlos Romero y Juan Manuel Urtubey tienen experiencia para aceptar que detrás de tamaña propuesta el entorno es difuso, en tinieblas y que desata una maraña de preguntas por parte de los periodistas de los principales medios de comunicación.

Para hablar de política, hacer diagnósticos y debatir decisiones en Cafayate, solo tres figuras se recortan claramente por sobre Romero y Urtubey en Salta, y Almeda, Barroso y Casimiro son los candidatos con influencia e interés en el electorado.

La lealtad y el continuismo político son necesarios. No hay nadie que fundamente mejor la candidatura de los tres cafayateños para aspirar a ocupar los cargos en la Cámara de Senadores, Diputados y el Concejo Deliberante, y por ahora suman.

Se está dando una paradoja: poder concentrado y gestión. Con acierto, Romero y Urtubey, son los únicos capaces de construir políticas y mirar más allá de la coyuntura y observar a los tres posibles candidatos como una fuerza total.

Fernando Almeda será candidato a senador, Ariel Barroso, a concejal y Sebastián Casimiro, a diputado. No será exactamente par, pero será un cuadro político que superará en formación a cualquier gabinete y a la media de los integrantes de sus propias filas.

La oposición discute de política. Es lógico que los radicales Sergio Saldaño, Ana Quintela y Rodrigo Chocobar actúen como filtros y realicen un control de calidad, sobre todo si optan por aspirar a gobernar haciendo valer sus óptimos resultados electorales.

Pero en el tablero del Partido Justicialista se llenará un vacío con un sustituto que no se limitará a redactar leyes o supervisar el orden administrativo. Actuará como contrapeso político de algunos entusiasmos ejecutivos y legislativos.

Para los peronistas Romero y Urtubey, la ayuda de Almeda, Barroso y Casimiro está en evitar errores y en encontrar hombres de fidelidad probada, con cultura justicialista y sin ambiciones de acumular fortunas personales.

A esta altura se podrán corregir políticas equivocadas y ampliar alianzas para alcanzar mejores posiciones de gobierno. Es por eso que Fernando Almeda, Ariel Barroso y Sebastián Casimiro trabajarán juntos por un mismo objetivo: llegar a la victoria electoral, cada uno desde su posición.

Actualmente es difícil que Almeda cambie de parecer porque tiene adhesión y una oposición que existe con una pata política provincial y nacional desde el gobierno de Cambiemos. Necesita la contención de Barroso y Casimiro para llenar el vacío político que podría generar su salida.

Ariel Barroso intentará alcanzar una banca en el Concejo Deliberante de Cafayate y pujar por su nombramiento como presidente del cuerpo para que, tras la asunción de Fernando Almeda como senador, la acefalía lo coloque como ejecutivo municipal hasta 2019.

Sebastián Casimiro no llegó a ser diputado provincial vitoreando las políticas del Frente para la Victoria, es por eso que su militancia se basa en la toma de decisiones individuales que le permitieron hacer equilibrio entre los distintos gobiernos.

Los estímulos ideológicos, impronta peronista y gestión de proyección política deben convencer a los líderes Juan Carlos Romero y Juan Manuel Urubey de su capacidad para vincularse con el electorado y convencerlo de que son la mejor opción.

De la Redacción de Diario Cafayate