Cultura Octubre 12, 2017

Tesoro, aprender a relajarnos

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CAFAYATE (redacción) – Nadie puede negarlo, vivimos en una aceleración neurótica, insana. El tiempo no alcanza, el dinero tampoco, siempre falta algo. Los estímulos y exigencias son tantos que nos abruman, nos confunden, nos agotan.

Nos resulta sanamente necesario contar con algún momento del día, aunque sea breve, para detenernos, observarnos y conectarnos con nosotros mismos.

El solo hecho de parar y tomar contacto habilita una escucha a nuestro cuerpo-mente. Y nuestro cuerpo es sabio, sumamente inteligente, tiene mucho para decirnos y ofrecernos si le damos lugar. Tiempo y lugar.

Para el Yoga, la relajación es un momento vital. Al inicio, durante la práctica de posturas, los músculos y las articulaciones trabajan y se fortalecen. Todos los órganos del tórax y del abdomen reciben presiones internas que los estimulan y equilibran su funcionamiento.Los canales de energía o nadis se limpian y los centros energéticos o chakras se abren dejando que la energía circule libremente.

Para consolidar el trabajo realizado y lograr que abarque todas esas dimensiones, es necesario destinar los momentos finales a la relajación.

En ella, acostados boca arriba, entregamos el cuerpo a la fuerza de gravedad. Parte por parte, la mente va recorriendo el cuerpo y este va soltándose, entregándose. Huesos, músculos, articulaciones, órganos, piel. Todo lo que podamos soltar.

Este proceso de relajar el cuerpo, sirve como antesala al proceso de relajar la mente. Todo se suelta y se entrega, hasta las fluctuaciones mentales. La relajación es un momento de recobrar energías y de confiar. Esto equivale a decir: soltar el control, al menos por un momento.

Avanzar en una relajación profunda nos permite acercarnos más y más a nuestro Ser esencial, sin esfuerzo, ir quitándonos condicionamientos y máscaras para ahondar en nuestra esencia.

Aprender a relajarnos es un proceso. Requiere su tiempo y su práctica. En mis clases, durante la ejecución de asanas, hago hincapié en la idea de “administrar la energía”.

Generalmente activamos músculos que no son necesarios para la acción que vamos a realizar, o también les exigimos más fuerza, y por lo tanto energía, que la necesaria para accionar.

Tomar conciencia de esto nos permite economizar fuerza y energía, por lo tanto desgaste. Se trata de practicar la justa medida en nuestras fuerzas.

Y resulta un tesoro. Cuando se ha adquirido la práctica (que es una conquista más que un regalo caído del cielo), la relajación se aplica a la vida diaria, y nos ayuda a recobrarnos en días difíciles, a prevenir numerosas enfermedades, a centrarnos, a dormir y descansar más profundamente, a disminuir estrés y acercarte a tu verdadera Naturaleza entre tantos otros beneficios.

De la Redacción de Diario Cafayate – Profesora Ana Julia Sartor – Prana Yoga Cafayate