Cultura Agosto 19, 2015

Barrio San Cayetano Parte I

Barrio San Cayetano Cafayate Templete

El Profesor de Historia, Literatura y Lengua Castellana, Carlos Nelson Vega, recordó la historia de la construcción del Barrio San Cayetano, en el mes que acontece las celebraciones del patrono del pan y el trabajo.

“Sabemos porque lo escuchamos a diario, que el problema de la vivienda es serio en nuestro país y también es grave en nuestro Cafayate; en nuestro valles, pese a que las autoridades hacen lo que pueden; lo que está a su alcance”, reflexionó Vega.

“Pero lo que ocurrió en el Barrio san Cayetano de nuestra ciudad, es un ejemplo para compartir, porque aquí se ven los deseos de poseer una casa propia; se advierte la cooperación, el altruismo la bondad y la entrega”, aseguró el Profesor.

Carlos Nelson Vega adelantó de su libro al que tituló “San Cayetano, su vida, su obra”, dedicado a los habitantes del mismo, la primera parte de una historia que los habitantes le pidieron que documentara.

Barrio San Cayetano I Parte

“Sin lugar a dudas los vecinos del barrio han demostrado en las prácticas, que la unión hace la fuerza y que querer es poder. Hoy se cumple un nuevo aniversario de convivencia creativa.

Al principio el barrio era un caserío de pocas modestas viviendas, el terreno en gran cantidad, era yermo; un baldío infértil. Carecía de los servicios esenciales como, agua potable, luz eléctrica, calles y que decir de las cloacas…

Al oscurecer era posible ver la luz de las velas y de los faroles a kerosene. En la noche era imposible que alguien del centro se llegue por el sector.

Allá por los años 1974 y 75, los vecinos decidieron buscar soluciones. Como primer paso, conformaron un centro vecinal. Con energía, con tesón y con constancias, se planteó la situación por estas circunstancias, que en pocas situaciones se dan. Los miembros de la comisión directiva fueron escuchados por las autoridades de turno.

Las solicitudes que presentaron, llegaron a niveles superiores y las esperanzas crecieron, pues las noticias eran cada vez más alentadoras. Gobernaba por entonces la provincia, el Señor Roberto romero y se desempeñaba como intendente el Señor Osvaldo domingo. Hasta el gobernador visitó el sector y considerando la situación, prometió obras.

Luego del consabido recorrido a pie, entre mate, empandas y locro, el vecindario se comprometió a aportar la mano de obra. Llegando el momento después de cumplir con sus respectivos laburos, los hombres del barrio, con palas y picos, hicieron los pozos para los postes de la luz y las zanjas para ubicar los caños del agua potable y de las cloacas.

Las calles Rioja, los pasajes Carmen Frías y 20 de febrero, parte de las arterias Alvarado, Santiago del Estero y San Martín, perdieron su habitual pasividad y se colmaron de ruidos y bullicios laborales. Quienes se acercaban de otros lugares, quedaban admirados y no lo podían creer.

Así las cosas, una noche ya tarde se hizo un alto en las tareas y en la reunión plena se habló de un nombre para el barrio. Hubo mociones, pero una gran mayoría se inclinó por San Cayetano, por la gran devoción que inspiraba al tratarse de un Barón que optó por ayudar a los pobres, aunque pertenecía a una familia adinerada.

Finalmente, se tuvieron los servicios; las necesidades terrenales quedaban satisfechas. Había que pensar entonces en el alimento espiritual; poseer una imagen del Santo. Hechas las averiguaciones, se precisaban treinta australes, la moneda de la época. Una efectiva colecta juntó la suma y no transcurrió mucho tiempo hasta que se recibió a la imagen de san Cayetano en el barrio.

La gente, cuando se la exhibió, se emocionó. Unos rezaban, otros se persignaban y quienes había, derramaron unas lágrimas. La Señora Esther Garrido, donó una parcela de terreno sobre la calle Rioja para la gruta. Los mismos vecinos la construyeron con superioridad. Nació la idea también de un templete para el Santo; se requería más dinero; se lo reunió con rifas, donaciones, vendiendo empanadas.

Así se inició la recaudación de los fondos siempre presentes. Los vecinos con un espíritu solidario fortalecido, paralelamente se hicieron para erigir un salón comunitario que funcionaria con lo reunido en bingos y en donaciones de la población en general. De esta manera se evidenciaba un nuevo sentimiento hacia los más indigentes: el altruismo.

Ya en el año 2002, con la compra de los materiales, el templete se hizo realidad. Se integró la subcomisión Nuestra Señora del Rosario, para administrar los recursos y genéralos y así con rifas y bingos, se recaudó algunos fondos para levantar paredes faltantes y techar algunas dependencias.

Hoy es desde varios años una realidad y todos los 7 de agosto reúne una gran cantidad de fieles, no solo del barrio, sino también de otros sectores de la comunidad cafayateña.

Quedan algunas obras menores para concluir la totalidad del edificio, además de algunas mejoras y ampliaciones que se puedan efectuar. Esto queda para las nuevas generaciones que seguramente seguirán el ejemplo de sus mayores. Así surgió el Barrio San Cayetano.

“Los valores que rescato en este trabajo son la cooperación, ganas de tener cosas, ganas de albergar a la familia en una vivienda propia, altruismo y devoción de san Cayetano como el padre del pan y del trabajo”, finalizó el Profesor Vega, luego de narrar la primera parte de la historia.

De la Redacción de Diario Cafayate