Sociedad Agosto 27, 2017

Desarrollo de la Bioética

bioetica medica

La bioética nació en los Estados Unidos de América y con el tiempo adoptada (y adaptada) por otros países. Entre los que la incorporaron estuvieron los de América latina, nombre dado a una comunidad cultural y lingüística comprendiendo en el continente las regiones centro y sur.

Por cuanto la bioética es una disciplina cuyo discurso floreció en la tradición cultural de América del Norte, es lógico comparar la ética biomédica norteamericana y sudamericana. La etapa, de esta última, ha evolucionado a lo largo de treinta años en tres ciclos de una década, comenzando en 1970: recepción, asimilación y recreación.

Como pionero del proceso por el cual la bioética se institucionaliza en Argentina, la referencia es la experiencia del doctor José Alberto Mainetti y de la de un conocido bioeticista que afirmó: “Identificar el origen de la bioética en los Estados Unidos es materia cierta de considerable controversia”.

Los setenta fueron la etapa de recepción de la bioética en América latina. “Recepción” no debe entenderse como una introducción formal de la disciplina, dado que en la década del setenta el término bioética no era corriente, incluso en los Estados Unidos.

En cambio “recepción” se refiere a cómo la situación histórica cultural en la región posibilitó o limitó la incorporación de la bioética. Los años setenta se caracterizaron por una reacción, bien de resistencia o rechazo a este nuevo movimiento por quienes adherían al ethos cívico y profesional tradicional.

Como moralidad secular y liberal, la bioética promovía la autonomía del paciente, introduciendo la idea del paciente como sujeto moral en medicina y enfatizando el rol del paciente como agente racional y libre, cuyas decisiones son centrales para la relación terapéutica.

Estas ideas eran ajenas a la vieja ética médica todavía reinante en América latina. En ese entonces, la ética médica latinoamericana permanecía paternalista y confesional. Los médicos practicaban conforme al rol de “dominación”, según Max Weber, en el cual la autoridad del médico es suprema y el rol del paciente es el sometimiento a la autoridad del médico.

Al inicio la bioética se percibió principalmente como made in USA, un abordaje norteamericano adecuado al estilo norteamericano de medicina y atención de la salud.

Las ideas norteamericanas, por otra parte, estaban destinadas a encontrar resistencia debido a que actitudes marxistas y antinorteamericanas estaban profundamente afirmadas en América latina.

La bioética no podía ser simplemente trasplantada en el contexto latinoamericano sin tomar en cuenta las diferencias culturales y políticas y el cambiante significado que consecuentemente “bioética” tendría en esas sociedades en particular.

“La Argentina lideró la recepción de la bioética en América latina. El primer programa iberoamericano de bioética se estableció en Argentina con el Instituto de Humanidades Médicas de la Fundación José Alberto Mainetti.

El doctor José Alberto Mainetti fundó el Instituto en 1972 y jugó un rol importante en las primeras actividades bioéticas en la región.

Más tarde, los programas de educación fueron desarrollados a través de la Escuela Latinoamericana de Bioética bajo la dirección de Juan Carlos Tealdi.

Durante años muchos académicos de Estados Unidos participaron de este proyecto. El Instituto ha producido numerosas monografías sobre ética médica.

El Instituto cultivó los estudios bioéticos en América latina bajo la influencia de la Escuela Española de Historia de la Medicina, liderada por Pedro Laín Entralgo, el patriarca del humanismo médico iberoamericano.

La disciplina histórico-médica de Laín Entralgo procuró un camino hacia la teoría de la medicina basada en la antropología médico-filosófica, la cual se inspira en la filosofía existencial y hermenéutica europea.

Esta matriz intelectual creó condiciones favorables para la recepción del movimiento norteamericano de las humanidades médicas de la bioética latinoamericana.

La primera década del Instituto de Humanidades Médicas argentino registró la etapa de recepción de estas disciplinas, respaldada por el intercambio personal e institucional iniciado con el médico y filósofo Hugo Tristram Engelhardt junior, que estaba entonces en el Instituto para las Humanidades Médicas de la Universidad de Texas, extensión de la Escuela de Medicina en Galveston, y el médico bioeticista Edmund Pellegrino, que era director del influyente Institute Values Medicine con sede en Washington DC.

Esta conexión de humanidades médicas explica por qué Argentina y España fueron los primeros países en iniciar la bioética en América latina y Europa, respectivamente.

El movimiento de las humanidades médicas, en la búsqueda del humanismo médico, estaba en sintonía con la antropología médica de Laín Entralgo, a cuya escuela de pensamiento se unió el doctor José Alberto Mainetti.

La recepción de la bioética como parte de la perspectiva teórica de las humanidades médicas, significaba por tanto una actitud crítica en el sentido de desafiar presupuestos no aclarados y juicios de valor tanto en medicina como en bioética.

Durante los años setenta la “medicina posmoderna” emergió como crítica al razonamiento médico positivista. Estas críticas eran de largo alcance y afectaron el objeto, el método y fin de la medicina misma.

Vale decir que la medicina no era ya más una “ciencia normal” en el sentido Kuhniano sino que estaba en el seno de una revolución moral.

Emergió entonces una literatura crítica sobre la medicina, que incluye la famosa Némesis de Iván Illich, las iconoclásticas Reith Lectures de Ian Kennedy y el análisis de crítica social del poder médico capitalista por escritores norteamericanos como Vicente Navarro.

La “medicina posmoderna” debe su relativismo a su creciente naturaleza comprensiva, interpretativa y evaluativa, en suma, su condición reflexiva. La filosofía de la medicina comprende la antropología, la epistemología y la axiología médicas. Esta última disciplina incluiría la bioética en ambos aspectos, clínico y de salud pública.

De esta manera, en América latina abordaron la bioética como el nuevo paradigma médico-humanista y esencialmente como una ética “implicada en” antes bien que “aplicada a” la medicina.

Por ello, en contraste con el desarrollo norteamericano de la bioética, que involucra a médicos, teólogos, filósofos y abogados, los protagonistas latinoamericanos de la disciplina son principalmente, médicos y profesionales de la salud.

De la Redacción de Diario Cafayate