Editorial Octubre 1, 2019

Cafayate ante la crisis por las elecciones

políticos de Cafayate

La norma fundamental del pueblo de Cafayate es garantizar su convivencia democrática, mientras la campaña política presenta una crisis. El poder de la tribuna y la prensa discute al de los partidos y sus representantes.

Cafayate logra una democracia exitosa pero no discute política. Es un municipio soberano, regido por un intendente electo a través del sufragio universal, subordinado a los actos generales.

El espectáculo que muestra la campaña electoral es útil: enseña candidatos y funcionarios, que solicitan la autoridad para gobernar, con dificultades para interpretar la economía, política y sociedad cafayateña.

La “virtud del orden”, a la que adhieren candidatos y funcionarios, que corrompen ideas y leyes, se opone al progreso y al entendimiento del gobierno de la democracia.


El poder legislativo de Cafayate está integrado por miembros que desconocen las leyes por las que se rige el Estado


Los candidatos y funcionarios ignoran los procesos políticos, y no están dispuestos a conocerlos, porque se valen de la popularidad mediática para obtener el criterio de la mayoría.

Basta con el murmullo del avisador de la estación de radio local, para conducir al pueblo al desastre. Un chismoso, capaz de violar al concepto de democracia y de libertad de expresión, propio de la ignominia.

La tribuna cafayateña es inducida a la infamia y acaba por reproducirla en la red social de medios de comunicación. La vileza es entendida por la sociedad y la perjudica.

El voto debe ser consciente, libre y verdadero; también es cierto que “allí donde no hay libertad de prensa no puede haber voto libre”; es la condición sine qua non del sufragio universal.


En algo menos de ocho años, la gestión de gobierno municipal, fue perseguida sistemáticamente por un medio periodístico local


Ese medio de comunicación, financiado por partidos políticos opositores, deslegitimó la libertad de la audiencia, alterando su juicio: es supuestamente la violación a sus Derechos Humanos.

El pueblo de Cafayate es consciente que existen candidatos, funcionarios y periodistas que forman una opinión del Estado, para que las consecuencias de sus daños sean aceptadas, absueltas y cubiertas.

La naturalización de esas acciones se convierte en uno de los peores problemas de la vida democrática e institucional: indigna y resigna; es una de las características del letargo colectivo que padece Cafayate.

El Gobierno de Cafayate será, de mujeres y varones por la Carta Orgánica Municipal y el Concejo Deliberante, sabia institución en “las finanzas”, administración y presupuesto, comunicado en libertad de prensa.

#DiarioCafayate