Cultura Mayo 5, 2019

Historia de la Cruz del Cerro San Isidro de Cafayate

Cafayate. Cerro San Isidro. Cruz

CAFAYATE (redacción) – Desde el Grupo Scout, Nuestra Señora del Rosario, de Cafayate, revelaron un documento que narra a la perfección la historia de la Cruz que fue establecida en el cerro San Isidro por iniciativa de jóvenes del Valle Calchaquí.

Uno de los gestores y pioneros de esta hazaña, don Agustín “Acucho” Torres (1917-2005), con sus ochenta y tantos años melancólicamente nos contaba:

Todo comenzó cuando en uno de los tantos encuentros de amigos que se reunían allá por el ´65, por las noches en la confitería del Mercado, atendida por Bohorquez, lugar donde solían gestarse diversas ideas, como por ejemplo la de pintar las piedras del Cerro Santa Teresita, para que llamara más la atención ´La Capillita´ (puesta por el Mayor Greni, militar retirado dueño de la Finca El Transito).

El grupo de amigos estaba compuesto por: Marciano Morales Fermín Vázquez, Mauricio Flores, Francisco Terraza, Rodolfo Domingo, Néstor “Pila” Daruich, “Cherro” Vázquez, Agustín Torres y un tal Mazza, entre otros; alguien en una de las noches, tuvo una idea más que genial al decir:

– “¿Por qué nos ponemos una cruz allá en lo alto del cerro, si en Salta el San Bernardo la tiene?, por qué no Cafayate”.

La propuesta surgió de Marciano Morales, despertando las ilusiones de aquellos jóvenes, quienes asintieron esta idea preguntándose:

-Si, por qué no, ¿Cuándo comenzamos?

Así a la semana siguiente se armó un grupo de personas dispuestas a escalar el cerro e ir a ver dónde colocarían la cruz; los exploradores fueron: Morales, Fermín, Cherro, el Pila, Bonfiglioli (empleado de Obras Sanitarias), Calixto Mamaní, Hugo Guantay, Acucho, entre otros.

Se consiguió el apoyo de un chico vaqueano (vivía en la casa de doña Santos Taritolay), quien guiaba el camino. Según varias opiniones, en un principio la cruz se iba a colocar, en la primera mesada; pero tuvo más apoyo la opinión de un tal Merino, quien dijo: – “La cruz se la debe colocar en el infinito, para que se vea, y no tan abajo”.

Todos en plan de discutir la opinión más acertada y elegirla, se reunieron con el padre Ojeda, quien les demostró su agrado y apoyo. Decidiendo entre todos colocarla en lo más alto, en lo infinito.

Ya se podía comenzar a formar grupos de trabajo, pero había un pequeño inconveniente; esas tierras tenían dueño. Por ello se visitó a la familia Calpanchay, propietarios del terreno, quienes gustosos por la idea, lo donaron gentilmente, para la construcción de la gran cruz.

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