Cultura Julio 5, 2019

Cafayate: folclore, vino y empanadas

Cafayate. Parque de la Familia

CAFAYATE (redacción) – El turismo, cultural, enológico y gastronómico, representa una actividad que posibilita el conocimiento y la difusión. Cafayate posee bienes naturales y tradicionales ricos, y los turistas los exigen a partir de experiencias, productos y servicios, superiores. La gestión de calidad y el proceso de mejora se basan en acciones económicas, concretas y simples.

La zamba, el torrontés y la empanada son herencia cultural opulenta, beneficiosa de la industria del turismo, transable en la economía mundial. “El mercado es gente comprando y vendiendo cosas, y la gimnasia es el lucro”. Entonces, para las sociedades globalizadas la comunicación y la educación resultan indispensables.

Las peñas, bodegas y comedores son pasado cultural hispanoamericano, sostenible en el tiempo, que requieren una definición formativa, que dependerá del enfoque, para el éxito de la industria turística cafayateña.

Un primer análisis de la política cultural, evidencia la existencia de limitaciones para la búsqueda de soluciones.

Por ejemplo, “los habitantes del pueblo son conscientes que el festival de la serenata fue perdiendo estética y a su vez que la posmodernidad propone un esquema de negocio inmóvil para la transmisión de la cultura cafayateña“.

En el Valle Calchaquí se produce uno de los mejores vinos torrontés del mundo, pero el marketing y la publicidad, establecido en otra región, constituye un sistema de control social que estigmatiza a la industria local.

La “sociedad de la información” convirtió a la cafayateña en un ser abstracto, a través de un sistema de comunicación que, por medio de la estigmatización, infantiliza e inferioriza su identidad.

La política cultural cafayateña no tiene proyecto educativo y es contendida por la manifestación ideológica del gobierno, que trasciende por la naturalización de conductas sociales que contradicen a ambas.

Las empanadas cafayateñas se reducen a una receta salteña, que a su vez debe competir con una tucamana o porteña, más allá de que hayan sido calificadas como una de las mejores, por los notables de la gastronomía nacional.

Las acciones responden a ideologías. Por ejemplo, “el carnaval puede utilizarse para liberar o para someter, según como se actúe en el contexto donde se desenvuelva.

Por ende, los actores en la industria turística cafayateña deben compartir objetivos: elaborar un diagnóstico, analizarlo y desarrollar un cambio, con la participación activa de toda la sociedad.

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