Editorial Septiembre 24, 2017

Cafayate no se convirtió en zona caliente

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CAFAYATE (redacción) – Y sí. Tenía que terminar de esta manera. La curiosidad mató al primer hombre que movió unos centímetros su mano y en el otro estante de la redacción tomó un producto extraño: un ordenador informático para escribir.

El tipo apretó un poquito para que no notaran su travesura y llevó las manos al teclado. Fue como Adán mordiendo la manzana; el pecado había sido cometido. Entonces comenzó la última evolución del periodismo.

Pero en el siglo XXI, con record de información en las redes sociales, hiperconectados con Smartphone y Tablet, quedó comprobado que la obsesión por el aspecto no es la única que los medios de comunicación quieren compartir.

Ahora también se esmeran por competir en un terreno mucho menos sutil y trabajoso. El de la histeria colectiva. Una afección psicológica que pertenece al grupo de las neurosis y que padece el uno por ciento de la población mundial.

Y así encontramos, con los dedos transpirados sobre los teclados, a grupos de hombres y mujeres, pavonearse frente a las estadísticas que no eran sus presas naturales. Hace años hablábamos del asedio al oficio.

Actualmente son las estadísticas las que miran a una porción del periodismo (¿de información?). Viene por Facebook, Twitter y Google +. A través de comentarios y preguntas tales como: ¿Qué te pareció esta noticia?

Para algunos, escándalo. Para otros, silencio. Una cucharada de su propia medicina. Hablando de medicina, el mes pasado revelamos el diagnóstico sobre los cuidados que deben ejercer los medios de comunicación sobre las publicaciones asociadas a las drogas y el narcotráfico.

Ahora que el diagnóstico “parece estar equivocado”, no sería de extrañar una catarata de pacientes que ponen en duda lo que su médico dice. Si usted es de los que sienten que ese esfuerzo conmueve y prefiere el debate intelectual, podría detectar una cuota de histeria.

Al experimentado grupo de periodistas histéricos le nació un contrincante: la audiencia que valora el debate profundo y verdadero; que valora la labor periodística, a través del deber de informar y que no se planta a mitad de camino.

Histéricos estaban algunos en las ciudades viendo esos bellos valles por televisión, mientras las temperaturas se peleaban por superarse día a día. Pero no tanto como los notables conductores atrasados que pretendían aprovechar la lluvia informativa del inicio de la campaña política.

La veracidad llegó y el futuro está nuevamente asegurado. La naturaleza se ocupó de volver a poner las cosas en su curso. A propósito: ¿esos medios de comunicación reproductivos están diciendo bye bye o hello?

Cafayate no se convirtió en una zona caliente de la cocaína, y punto.

Dedicado a todos los periodistas que realizan con entereza su labor; a la República, las Provincias, Departamentos y Localidades; y a los colegas que se ven tentados por la frustración.

Paz