Cultura Julio 31, 2015

Vega Pachamama y docencia

Pachamama ritual noroeste argentino

El Profesor de Historia, Literatura y Lengua Castellana, Carlos Nelson Vega, de Cafayate, consideró que en buena parte del noroeste argentino, Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia, principalmente y otros países latinoamericanos, el homenaje, la veneración y el respeto, como una divinidad mayor, a La Pachamama.

Vega compartió en un anticipado homenaje a la Santa Tierra, fragmentos del libro Mitos y Leyendas del Valle Calchaquí, del autor e investigador, Pablo Fortuni.

“Nos dice de La Pachamama, es la madre de la tierra, diosa de los cerros y de los hombres. Chiquitita pero cabezona lleva sombrero alom, tiene pies grandes y calza por lo tanto, enormes ojotas. Tal es la identificación personal que le han dado los vallistos. “Ella es la dueña de las montañas, los animales, de las flores y de todo cuanto hay en la tierra se siembre roture o coseche”, narró Vega.

“Vive bajo el cerro y a menudo la acompaña un perro negro muy perverso. El quirquincho es su cuchi y la víbora su lazo. En los caminos de las montañas hay puertas por donde se aparece. A muchos paisanos se les ha presentado de golpe; lo primero que pregunta es: ¿Qué andas haciendo? A otros los visita en sus ranchos y les agradece lo bien que guardan la hacienda.} y que no hayan matado Teques de los guanacos”, continuó el Profesor.

“Deslumbra a quien la ve; lo agarra. Y la persona que ha gozado de tal visión ya nunca jamás puede abandonar la seducción de vivir entre los cerros. Transporta en petacas de cuero sus cargas de oro y de plata; ella es quien muy propietaria saca el oro y el plateao de las montañas calchaquíes y lo apila en Potosí. Interviene en todos los actos de la vida y manda sobre todos los otros dioses y diosas, como el Coquena, la madre del viento, el nulado y demás dioses.

“También posee su templo que es toda la naturaleza, pero desde tiempos remotos y con alguna variantes, en todas las edades y lugares se la venera singularmente en las apachetas que se constituyen con montones de piedra en los puntos elevados de las montañas, en el cruce o a los costados de los caminos donde el nativo encuentra una ocasión favorable para realizar una ofrenda de sus propios dones”.

“Tira su acullico de coca, bebidas y cigarrillos y una piedra para que no sufra retraso en el viaje y se le vaya el cansancio. Se la recuerda con algunos versos, Pachamama, Santa Tierra, has que suba este cerrito sin cansarme ni un gotito. Cuando una guagua anda enfermita, sin ánimo para nada, cuando se ha quedado sola o se ha asustado y no puede curarse, es señal entonces que no lo tiene al espíritu; este se ha quedado en algún lugar o ha huído”.

“Es necesario llamarlo, por eso se busca un baqueano de estos casos y que domine bastante las montañas y la lengua de los lugareños. Se toma una prenda del quedao o del de noche, se va hasta el sitio donde se asustó y se ramea la ropa hasta la casa. Es preferible que el llamador vaya sol; los demás que se acuesten para que el espíritu no los oiga. Al ramear la ropa hay que gritar fuerte el nombre del enfermito para que el espíritu no se haga el remolón. Y se lo llama, se lo llama por su nombre”.

“También se dice: Pachamama, Pachatata larga puey guaguaytaita. Cuando el llamador arriba con la ropa arrastrándola se cierra rápido la puerta, se le coloca rápido la prenda al quedao y gran novedad: el espíritu queda nuevamente en el cuerpo del enfermo”, finalizó Vega.

Luego del sentido cumplido a la Pachamama, el Profesor Carlos Nelson Vega, aprovechó para homenajear a la maestra, Mirta Díaz, quién ha terminado su ciclo de enseñanza formal iniciando, este año una nueva etapa en su vida.

A Mirta Díaz, docente de la Escuela Normal 4704 de Cafayate, se le rindió un homenaje de despedida en el mismo establecimiento, destacando sus virtudes personales, su entrega a la docencia, su bonhomía; su don de gente.

“Sin lugar a dudas acompañada por todos los docentes que la conocieron, la tuvieron de compañera, quienes disfrutaron de su manera de ser y de su condición de colega”, contó el Profesor Vega, emocionado.

El profesor consiguió en una oportunidad uno de los poemas de Mirta Díaz, que incluyó en su libro Poemas, Coplas y Canciones de los Valles Calchaquíes. Vega narró una pieza de la maestra retirada que se refiere al vino torrontés de Cafayate.

“Bendito el Jesuita que vino con intención de cultivar las primeras cepas en el valle que hoy muestran su realidad; realidad convertida en vino. El gusto está en la variedad, pero hoy será el torrontés el que me ayude a rimar. Torrontés cafayateño yo te quiero homenajear porque naces de la uva cristalina y celestial; esa uva que se derrama en racimos de parral, para convertirse en vino del más fino paladar. Sos el jugo más preciado del caminante en su andar porque apagas su sed y ya no te quiere dejar. Recorres largos caminos dejándote saborear, al catador mas exigente ya lograste conquistar. Torrontés fiel compañero de la mesa familiar, a veces compartes penas y en otras felicidad. Salud, hoy brindo por ti, por permitirme evocar al producto generoso, nacido del arenal”.

De la Redacción de Diario Cafayate