República Septiembre 16, 2017

Renovaron su pacto de fe

festividad señor y virgen del milagro salta 2017

CAFAYATE (redacción) – Cerca de 800 mil fieles provenientes de los distintos puntos de la arquidiócesis de Salta y diócesis vecinas llegaron este 15 de septiembre, festividad de Nuestro Señor del Milagro, a la capital salteña para vivir la última jornada del triduo en honor de los santos patronos.

El pueblo de Dios se trasladó en procesión alrededor de la plaza central de la capital salteña llevando las imágenes de la Virgen y Nuestro Señor del milagro. Con cantos, rezos, y el repique de las campanas, los fieles renovaron el pacto de fe con los santos patronos.

Durante la renovación del pacto, el arzobispo de Salta, monseñor Mario Cargnello, recordó que la patria “somos todos y no es de nadie”, y pidió trabajar por un futuro más digno, con un fuerte llamado al compromiso de los jóvenes y pidiendo que no se prive a los niños de la educación religiosa.

El arzobispo de Salta, monseñor Mario Cargnello, agradeció a Dios “por habernos reunido en esta tarde de septiembre junto a tu imagen bendita del Milagro y la imagen de tu Madre, María del Milagro” y procedió a la lectura del pacto de fidelidad “que marca la huella de la historia y de la vida de este tu pueblo y de todos los peregrinos. ¡Todos somos tuyos, Tú eres nuestro!”, continuó.

“Hemos caminado a lo largo de estos días de Milagro teniendo en el corazón y en los labios a todo el pueblo argentino, al mundo entero, y en particular a los jóvenes”, expresó el arzobispo, como pueblo “que busca la unidad y sufre las divisiones como una herida que parece resistirse a ser curada”.

Antes de la renovación del compromiso, y “fascinados por el esplendor de una propuesta de unidad que se vive cuando respondemos a tu llamada y al calor amoroso de tu Madre”, el prelado invitó a los fieles a reflexionar.

Para empezar, monseñor Cargnello lamentó las divisiones y desencuentros en una tierra “bendecida por la abundante fecundidad”, con una historia “de vidas ofrendadas, de familias generosas” que convive con otra, “la de los desencuentros” que trajeron dolor y muerte, e invitó a “aprender para no repetir los errores que nos inmovilizan, empobrecen y destruyen”.

“Necesitamos mirarte con los ojos de Pedro, lavados por el llanto del arrepentimiento para entrar en tu Corazón como Juan”, manifestó el arzobispo, y llamó a pensar “Tú, Cristo, eres nuestra paz” “Tú nos reúnes en un solo Pueblo”.

La Argentina, aseguró, “está en el corazón de aquél que es capaz de mirar y dejarse interpelar por los rostros de los necesitados, de aquél que vence la tentación de excluir, de etiquetar, de marginar y por ello puede afirmar frente al otro, a cualquiera: Tú eres mi hermano, porque ‘todo hombre es mi hermano’”.

“La Argentina está en el corazón del niño que es acogido en su familia, respetado y amado, educado y contenido, y está en el corazón de tantos niños que mendigan amor porque los acompaña el abandono irresponsable, la violencia familiar, el descuido injusto, cuando no el abuso destructor que surca su rostro con la tristeza que ya no lo abandona más”, continuó.

“La Argentina está en el corazón de los jóvenes que estudian, que trabajan, que se esfuerzan por superar dificultades, que aman, que se proyectan para formar una familia, prolongar su existencia, hacerse responsables y está en tantos jóvenes sin ilusiones, que se juntan en las esquinas de nuestros barrios envueltos en el humo de su propia desesperanza o impotencia o en la evasión alienante de una negación que alimenta la violencia y el sin sentido. Jóvenes que piden ser mirados y amados, escuchados y aconsejados, tenidos en cuenta, simplemente, y estimulados para que descubran en ellos mismos el potencial para ser mejores”, agregó.

La Argentina, detalló, “está en el corazón de los matrimonios que audazmente emprenden la aventura de amar dando la vida, de trabajar con honestidad y esfuerzo por mejorar su condición de vida y legar a sus hijos un futuro mejor”, y también de las familias “que necesitan una mano para no destruirse, para creer en la fuerza transformadora y fecunda del amor”, de las que “confían en medio de una esperanza tensa que lucha para llegar a fin de mes, para comer con dignidad, para conseguir salud, vivienda, trabajo”.

Recordó también a los mayores, que “nos contienen con su sabiduría, de los ancianos que esperan nuestro respeto, nuestra consideración, nuestro reconocimiento”, y a los enfermos, “que nos conceden el privilegio de serles útiles, de acompañarlos en su dolor”. A los científicos y profesionales que “investigan con competencia y responsabilidad, trabajan con verdadero sentido de servicio y elevan la calidad de nuestra humanidad”, a los maestros “que dan lo mejor de sí con alegría y vocación”.

La Argentina, sostuvo, “está en el corazón de nuestros trabajadores que, a lo largo de la jornada, con su esfuerzo permiten que el país progrese”, y “de los que buscan trabajo con el temor y muchas veces la amenaza de no encontrarlo y de los que temen perderlo ennegreciendo su futuro”. También de los empresarios “que son coherentes con su vocación de ver en cada ocasión una oportunidad para ayudar a crecer a los demás, que son austeros en su estilo de vida, que velan por sus obreros y empleados, que no juegan en el mundo de la especulación financiera que paraliza la vida de los pueblos” y los sumerge en el subdesarrollo.

Para finalizar, aseguró que la Argentina “está en el corazón de los ciudadanos llamados a la vida política que recorren el camino del bien común luchando contra la mentira, el acomodo, el llegar a cualquier precio y el mantenerse a toda costa aún del bien común alimentando la corrupción”, y de los funcionarios “que son capaces de decir la verdad, decidir con prudencia y audacia, dar ejemplo de austeridad y fraternidad, mirar a los más pobres y darles prioridad en el ejercicio del gobierno”.

“La Argentina está en el corazón de los pobres que necesitan ser acompañados, animados, escuchados; que tienen una palabra que decirnos, un grito que viene de Dios y nos invita a no descuidarlos, a amarlos con preferente dedicación”, concluyó.

“La Argentina es una llamada, una provocación a crecer, a darnos, porque es una llamada a cultivar la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común, a vivir la libertad del amor que privilegia a los pobres y perdona al ofensor, que aborrece el odio y construye la paz, que cultiva la cultura del encuentro y abre su corazón a todos los hombres del mundo que quiera habitar y hacer más humano nuestro suelo bendito. La Argentina es una casa de puertas abiertas y de ventanas que dejan entrar el sol de la verdad”, afirmó.

Monseñor Cargnello recordó que “juntos debemos construir un tiempo cada día mejor”, basado en el diálogo “perseverante y respetuoso, fundado en la verdad y en la realidad que marca las posibilidades del camino nos permitirá seguir adelante, siempre adelante ¡No nos clausuremos en nuestros propios intereses!”, exclamó.

Dirigiéndose a los jóvenes, llamó a “dar el paso que nos ayudará a todos a salir de cerrazones que nos enferman. Acojan con entusiasmo la novedad de Cristo. Con San Juan Pablo II me permito decirles: ¡Abran sus corazones a Cristo!”.

Cristo, “siempre joven y fuente constante de novedad”, aseguró, “renueva nuestra vida y nuestra comunidad, por eso la propuesta cristiana no envejece”, e instó a cultivar, desde Cristo, una memoria agradecida, si es necsario, recorriendo el camino del perdón.

“Corran el riesgo de saber encontrarse con el otro”, pidió. “Apuesten al servicio y a la reconciliación, a la entrega y a la inclusión. Anímense a comenzar juntos un tiempo nuevo que preanuncie una patria nueva que no tolere desaparición alguna, ni de personas, ni de las leyes que deben cuidar a las personas, ni de instituciones que sirvan a las personas. Digan ¡No! a la mentira y a la violencia como estilo político, confíen en la fuerza de la paz”, animó, y llamó a vivir la experiencia del encuentro con Cristo: “¡Sean sus amigos!”.

Monseñor Cargnello recordó cuatro claves del papa Francisco para los jóvenes: “el tiempo es superior al espacio”, y debemos aprender a trabajar a largo plazo; “la unidad prevalece sobre el conflicto”, y el llamado es a transformar las tensiones, mirando la dignidad más profunda de las personas, haciendo historia desde la solidaridad; “la realidad es más importante que la idea”, aprendamos a descubrirla y aceptarla; y “el todo es superior a la parte”, invitando a ampliar la mirada para descubrir el bien que nos convoca.

Para finalizar, y dirigiéndose a todos los fieles, monseñor Cargnello llamó a mirar a Nuestra Señora del Milagro y volver a ser niños por unos instantes: “El mundo nada puede contra un niño que duerme en el pecho de su madre. Allí, entre sus manos que dejan la corona al pie de su Hijo nos colocamos junto a su corazón. Allí ponemos la educación de los niños de Salta. ¡Que no se les prive del derecho a una educación integral que incorpora la educación religiosa! ¿Por qué dar un paso atrás en un tiempo que clama por el entendimiento respetuoso, capaz de vencer fundamentalismos que se alimentan en el desconocimiento del otro?”, concluyó.