Sociedad Octubre 15, 2019

El cerebro social y las neuronas espejo

calle, Cafayate

Diario Cafayate – El Cerebro es posiblemente el órgano del cuerpo humano que más interrogantes aún plantea, hoy en día sigue maravillando a los científicos que lo estudian, aunque todavía queda bastante por descubrir. Se sabe que es un órgano fundamental a la hora de relacionarnos con el medio y con las personas que nos rodean.

Nuestro cerebro es único, fascinante y asombroso, con él percibimos, aprendemos, resolvemos problemas, empatizamos, tomamos decisiones, planificamos y creamos, entre muchas otras cosas.

El cerebro es parte del Sistema Nervioso y su función es coordinar y dirigir todas las acciones, tanto las que se refieren al conocimiento y control del mundo exterior, como las vinculadas al cuidado del cuerpo (respiración, digestión, circulación de la sangre, mantenimiento de la temperatura corporal, control del sistema inmunológico, entre muchas más). El sistema nervioso nos permite percibir el mundo externo a través de los sentidos y si es necesario elabora una respuesta que transmite por medio de los nervios a los músculos o glándulas y su funcionamiento también crea nuestro mundo mental. Incluídos los nervios que recorren todo nuestro cuerpo, el Sistema Nervioso está compuesto por células, la más famosa de todas ellas es la Neurona.

Las neuronas son células que tienen la capacidad de recibir estímulos eléctricos y químicos, conducir impulsos nerviosos a otras células (nerviosas, musculares y glandulares) y secretar neurotransmisores (mensajeros químicos). A la comunicación entre neuronas se la llama sinapsis y ésta se produce mediante señales químicas o eléctricas.

El cerebro humano produce electricidad todo el tiempo, a la mañana cuando despertamos, se genera suficiente electricidad como para encender una lámpara pequeña, por eso la clásica imagen de la idea representada por una lamparita, es por lo tanto una metáfora bastante realista.

Tom Wilson expresó: ”Muchos de nosotros somos más capaces que algunos de nosotros, pero ninguno de nosotros somos tan capaces como todos nosotros”. Los seres humanos somos altamente sociales, gran parte del éxito de nuestra especie se debe al fuertísimo instinto gregario que nos caracteriza. Para formar grupos o comunidades, dar y recibir apoyo y protegernos, la evolución nos dotó de un cerebro que nos permite comunicarnos, entender y ser sensibles a las otras personas. Por ello, todos influímos y somos influenciados por los otros y nos necesitamos mutuamente.

Usualmente podemos ver situaciones ajenas y sentirlas como propias, ya sean emociones negativas como el miedo o el disgusto o positivas como la felicidad y la diversión. Investigaciones en neurociencias explican qué sucede en nuestro cerebro frente a éstas situaciones. Por ejemplo vamos por la calle caminando tranquilos, conversando con un amigo y de repente observamos una situación que capta nuestra atención, un auto atropella a un señor. Por un momento nos estremecemos como si fuéramos nosotros los que pasamos por esa situación. ¿Qué nos sucedió?

Se puso de manifiesto nuestra capacidad de sentir como propia una experiencia ajena y esto se da gracias a la existencia de las Neuronas Espejo, en las cuales se pueden encontrar los fundamentos neuronales de la empatía.


Las Neuronas Espejo fueron descubiertas en el año 1996 por un equipo de investigadores a cargo del doctor Rizzolatti, de la Universidad de Parma, cuando estudiaban a un grupo de monos


Rizzolatti y su equipo trabajaban registrando la actividad nerviosa producida en neuronas de la corteza premotora mientras los animales realizaban un determinado ejercicio con su mano o brazo. Buscaban explicar cómo se generan los movimientos voluntarios, es decir, los dirigidos hacia un fin. La investigación se basaba en observar el modo en que se activaban las neuronas del cerebro de un macaco, en la zona inferior de la corteza premotora, encargada de planear y ejecutar acciones cuando éste sostenía diferentes elementos, como frutas, juguetes, etc.

En un momento inesperado, el equipo que utilizaban para medir la actividad de las neuronas presentó que varias de ellas estaban en plena excitación sin que el animal tuviera ningún objeto. Lo que sucedía era que Fogassi tenía en su mano una fruta y cuando el macaco lo miraba, sus neuronas se activaban como si él estuviera llevando a cabo la acción.

A éstas neuronas se las llamó espejo, ya que éste término sugiere que la simple observación de un determinado movimiento en otro individuo es suficiente para provocar la simulación mental de lo observado y que el cerebro inhibe de manera automática el llevar a la acción esta respuesta.

Rizzolatti y Laila Craighero en el 2004, en su trabajo: The mirror-neuron system (publicado en el Annual Review of Neuroscience) consiguieron observar cómo la percepción de un rostro puede activar el área motora y también la sensorial, lo que lleva a poder sentir lo que el otro siente.

Los resultados de las investigaciones sugieren que el sistema de neuronas espejo no se limita a duplicar internamente la ejecución del modelo, sino que participa activamente en el procesamiento (comprensión, imitación, aprendizaje, empatía, etc) de la acción observada.

Si vemos a alguien sonreír, estas neuronas lo simulan, crean una especie de imitación interna en nuestro cerebro del rostro de la otra persona y luego envían estas señales al sistema emocional, que nos permite registrar lo que otro siente.

Se sabe que las emociones son contagiosas, si alguien entra en un espacio donde la gente está feliz y se incorpora al grupo, acabará sintiéndose más feliz, porque existe esta transmisión de emociones de una persona a otra.

Los seres humanos debemos parte de nuestro éxito como especie al instinto gregario, por ello las propiedades específicas del sistema de neuronas espejo pueden explicar la capacidad humana de aprender por imitación y de contagiar nuestros estados de ánimo a otros. Tal vez nuestras sociedades serían más trascendentes si pudiéramos tener presente el valor que cada uno de nosotros tiene en el cerebro de los otros, en sus conductas y emociones.

Como propuesta, podemos pensar y peguntarnos cada mañana al comenzar el día ¿cómo deseo activar las neuronas espejo de las personas con las que voy a interactuar? Así de este modo podemos reflexionar que con una simple sonrisa ya estamos haciendo un gran cambio.

Isela Bertolucci – Licenciada en Psicología | Diario Cafayate