Economía Agosto 20, 2018

Contrato de franquicia de bebidas alcohólicas

Contrato Franquicia Bebida Alcoholica

La reciente regulación del contrato comercial de franquicia en el Nuevo Código Civil y Comercial, en conexión, más o menos íntima, con alguno de los contratos de colaboración empresaria tipificados en ese mimo código unificado, ha servido para potenciar esa colaboración empresaria en el segmento vitivinícola. El espíritu de colaboración impregna, en efecto, toda la franquicia.

Entrando ya con algún detalle conceptual, se define en el mencionado código por primera vez el contrato de franquicia en estos términos: “cuando una parte, denominado franquiciante, otorga a otra, llamado franquiciado, el derecho a utilizar un sistema probado, destinado a comercializar determinados bienes o servicios bajo el nombre comercial, emblema o la marca del franquiciante, quien provee un conjunto de conocimientos técnicos y la prestación continua de asistencia técnica o comercial, contra una prestación directa o indirecta del franquiciado”. Es una definición bastante ajustada a lo que supone un modelo de negocio que sirve para que grandes empresas se extiendan por el territorio sin tener que vertebrar una estructura propia, así como para que pequeños empresarios sin experiencia puedan montar su negocio sin demasiados quebraderos de cabeza. Toda vez, que lo que hace es utilizar una idea de negocio ya existente y una marca que ya está validada para crear el suyo, generalmente a cambio de pagar un canon cuya periodicidad decide la empresa matriz. Así, el franquiciado no tiene que pensar ni en el mobiliario, ni en la imagen del local, ni siquiera en los proveedores a los que va a comprar las bebidas alcohólicas. Es de destacar la autonomía que rige la vinculación contractual de las partes; no hay relación de dependencia. Se ha de deducir de esto, que en el caso que el establecimiento no funcione bien, los empleados que trabajen en él dependerán siempre del franquiciado, y no del franquiciante, por lo que las indemnizaciones por despido irán a cargo de primero.

A tenor de la definición, el contrato de franquicia tiene como elemento fundamental la cesión de know-how y el uso de marcas y propiedad industrial del franquiciante. No obstante ser una carga suya, la de garantizar su uso por el franquiciado, no debe éste dejar de usar la nueva legislación, para verificar el alcance de su uso al momento de la firma del contrato, en razón de saber si su estrategia promocional es compatible con las limitaciones que se imponga al uso de las marcas. Como asimismo de la claridad y sin ambigüedades de las clausulas que regulan las obligaciones de cada parte en materia de marketing y campañas promocionales. Advierto, que el uso del know-how es una de las causas de mayor litigiosidad de la franquicia.

Lo anterior, está relacionado con el cómo el franquiciado utilizará el kow-how o información comercial del franquiciante, pues puede verse obligado a responder con una indemnización por violar pautas de confidencialidad y, aún por el incumplimiento de sus empleados al respecto. Como la franquicia supone, la reproducción de las características que dieron éxito al negocio del franquiciante, la transmisión del know-how supone un control por parte de éste sobre el método de operación. De manera tal, que se ofrezca al consumidor que acude a un establecimiento bajo ese régimen iguales productos o servicios, a los que ofrece el franquiciante. Es que, el valor fundamental pasa por la repetición, que el vino de una célebre bodega sea el mismo aquí o en otro lugar.

En aras de una mayor seguridad y precisión, el código introduce otras normas, por las que el franquiciante pone a disposición del franquiciado una gama de servicios y, su puesta a punto; por las que se obliga a no designar a otro franquiciado ni explotar por sí mismo comercios al por menor en un determinado territorio contractual. A cambio de todo ello, el franquiciante recibe del franquiciado un canon por el uso de su sistema probado. Se prevé, también, un sistema de terminación de la franquicia. Además, se establece la obligación de las partes, el derecho de clientela, el plazo de duración del contrato, la exclusividad, como las pautas para la interpretación del contrato. Sin que quede descartado en absoluto los acuerdos que, otorgan a los franquiciantes algunos derechos de adopción de decisiones con respecto a las operaciones del franquiciado; o los de regulación de la publicidad y las comunicaciones comerciales con respecto al consumo de vino; o a que toda modificación deberá consignarse en un contrato adicional y debe hacerse por escrito; o al pleno acceso a la contabilidad del negocio como opción de transparencia; o a contratar determinados suministros de vinos al franquiciador; o a sugerencias o precios máximos.

Antes de finalizar, dos temas, uno relativo a la responsabilidad por los vicios en los bienes o servicios objetos del contrato, sin perjuicio de la responsabilidad legal, es conveniente diferenciar en el contrato con efecto “inter partes” de qué responden entre sí franquiciante (defectos de elaboración, omisiones en el etiquetado, etc.) o franquiciado (conservación o mantenimiento adecuado de las cajas o botellas de vino) entre sí; el otro tema, es la determinación de lo jurisdicción judicial competente para entender en las controversias que surjan como consecuencia de la ejecución del contrato. Es entendible que los franquiciantes con redes nacionales quieran unificar el foro judicial en su lugar habitual de firma de los contratos, con la opción de litigar en el lugar del establecimiento del franquiciado.

El contrato de franquicia, se encuentra también regulado en Brasil y Uruguay, y no en Perú y Bolivia. En estos casos la doctrina discute si se los debe considerar contrato atípicos, o si por el contrario, responden a una unión de contratos.

De esta manera, el modelo de negocio de la franquicia regulado da la talla para que emprendedores, que se enrolan en la ley de Emprendedores (nº 27349) vigente desde el año 2016, aprovechen la oportunidad de poner en marcha una red o formar parte de una cadena de franquicias, que en el 2018 superan el récord de las 1000 empresas, capaces de crear unos 250.000 puestos de trabajo. Ganando terreno en el negocio de bebidas alcohólicas ya que cuentan con una legislación que lo hace hoy más atractivo y jurídicamente seguro. Reduciendo la conflictividad.

Valentín Francisco Ugarte – Abogado
Asociación Internacional de Juristas del Derecho de la Vid y del Vino