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Cambiamos a un traumatólogo por un diputado

Patricio Peñalba diputado Cafayate

Patricio Peñalba

En medio de la crisis sanitaria, los cafayateños cambiamos a un médico traumatólogo por un diputado. Pero, como uno de los principios fundamentales de la democracia establece que toda persona tiene derecho de acceder a las funciones públicas, el argumento resulta inaceptable.

Sin embargo, si describimos de manera rápida el resultado como un efecto adverso sobre la infraestructura de salud y tomamos en cuenta la capacidad de respuesta del sector, determinamos que luego de las elecciones los recursos del hospital de Cafayate son menos que antes.

Es muy importante destacar que, pretender imponerle al médico especialista en traumatología una vida dedicada a la ciencia que estudia las enfermedades o, pretender obligarle al diputado provincial la misión y facultad de hacer leyes, no supone un juicio sobre el excelentísimo don Patricio Peñalba sino sobre nosotros sus electores.

Formar a un médico puede llevar por lo menos 15 años; construir a un candidato aproximadamente 30 días. En el primer caso (el del servicio para prevenir enfermedades y curarlas) requiere más de 130 mil horas de estudio; en el segundo (el de la opción a un cargo) no más de 30 minutos de video.

Para entender y pensar bien la política es importante saber que «el pueblo no se equivoca aun cuando se equivoca» y que los cafayateños decidieron restarle al sistema de salud y sumarle a la cámara del congreso

Imaginemos, por un momento, que entramos a la sala de traumatología del hospital de Cafayate y que nos encontramos con un diputado o diputada famoso (puede ser Juan «el chupachichi» Ameri o Amalia «la araña» Granata) y que este o esta nos dice que, «como no está el doctor, quienes nos va a acomodar y soldar los huesos van a ser el o ella». Parece disparatado ¿verdad?

Bueno. Más allá de que se pudiera encontrar un reemplazo para el traumatólogo (a pesar de que las personas son irremplazables), la estructura de salud de Cafayate necesita más médicos; y eso hace suponer que hicimos un pésimo cambio.

Pero no es la libertad del médico y diputado la que pretendemos analizar en este artículo, sino la facultad y el derecho que tenemos los electores para hacer política cuando votamos.

Es decir, preguntarnos: ¿Ejercemos un voto responsable? ¿Es nuestra elección beneficiosa para el conjunto de la sociedad? ¿Cuál es el nivel de información que la sustenta? Sin lugar a dudas, algunos de los interrogantes que todos y todas nos hicimos para elegir a los representantes de los poderes que nos gobiernan.