Demetrio Jiménez: la imaginación mediadora

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El prelado de Cafayate, Demetrio Jiménez Sánchez Mariscal, afirmaba que cuando las personas hablamos de las cosas no nos referimos únicamente a «las reales físicas o anímicas, sino también a las irreales, las ideales y fantásticas, las transreales, si es que las hay».

Aseveraba que la realidad no es es sólo el «ser», o al menos no únicamente lo que así se denominó, sino el «haber», lo que es y no es por ser «de otra manera» (lo otro, con frecuencia lo muy otro), lo que parece exceder el principio de nocontradicción.

Para Demetrio Jiménez, el término haber indica la relación de los hombres y las mujeres entre sí y con las cosas. Para ellos citaba al filósofo José Ortega y Gasset: Vivir es estar en las cosas, habérselas con ellas; y por tanto, haber éstas ante mí.

Basado en el pensamiento de este ensayista y pensador, confirmaba que «es la vida lo que la razón vive e interpreta, y en ella es creadora: no sólo se adecua o adapta, sino que en sus respuestas diversificadas da cauce a las culturas, porque «vivir es constantemente decidir lo que vamos a ser».

De Cómo lo asombroso es natural y lo insólito siempre es posible.

Demetrio Jiménez

Insistiendo en el «haber», aseguraba que es lo originario, lo antepredicativo, lo prerreflexivo entendido como proceso vital: las cosas se hacen presentes y el hombre y la mujer ha de habérselas con ellas. Ellas «me son» y yo «les soy». Pertenece a la realidad que sean consideradas. Es lo que pretendo a partir de ahora respecto del haber en un aspecto de la cultura popular Calchaquí.

Según Demetrio, la expresión «cultura popular» ha sido empleada con frecuencia para diferenciarla de la «cultura letrada». Cultura popular dice referencia al saber del pueblo: lo que el pueblo sabe, lo que vive y tal como lo vive, lo que piensa y tal como lo piensa.

«Se trata del conjunto de actitudes, creencias, patrones de comportamiento propio de las clases subalternas de un determinado período histórico», reproduce el prelado de Cafayate, al historiador Carlo Ginzburg.

Considerando esto, Demetrio avisa que ese historiador considera que la expresión «clases subalternas» es un concepto del teórico marxista Antonio Gramsci y establece una diferencia con la especificación «clase dominante».

La creatividad de la imaginación que media entre lo real y lo fantástico

Demetrio Jiménez

Oportunamente, cita a la historiadora de la literatura, Geneviève Bollème, quien constata que la consideración del pueblo y de la cultura popular ha sido «casi siempre un discurso pronunciado sobre el pueblo, para el pueblo, hacia él, por personas instruidas.

Aclara que también es cierto que se trata de «un discurso que no se pronunciaría si no estuviera puesto ante un sujeto, lo cual pone a quien lo enuncia en una curiosa situación: él habla para tender un puente hacia este sujeto que su misma palabra ha separado».

Dice Demetrio, que Bollème considera que, por lo general, el pueblo ha tenido casi siempre un lenguaje ajeno, prestado, con ideas poco cultivadas e importadas. Se trataría de retornar a lo popular en el sentido de no dejarse encerrar en los estrechos límites de la realidad marcada por el pensar científico – técnico, que se ha convertido en gestor de la realidad, engullendo incluso a la misma ciencia.

En definitiva, de lo que se trataría es de acceder a dimensiones olvidadas de la realidad que permanecen en la memoria y que pueden ser la clave para la interpretación de los acontecimientos de la historia.

Las generaciones del pasado tuvieron que olvidar para sobrevivir. En esto consiste también su memoria. Las generaciones del presente, al revisar la historia, rescatan la memoria del olvido en el recuerdo, en lo más profundo del corazón, de sus afectos.

Demetrio Jiménez

Porque, para el prelado de Cafayate, la cultura popular es un cauce privilegiado de lo que desde la historia de las mentalidades se denominó «nuevos objetos de la historia»: lo no escrito en la historia oficial, las manifestaciones de las mayorías anónimas.

«En este nivel se muestra de un modo peculiar cómo el hombre es ´productor y negociador de significados´, reproduce Sanchez-Mariscal al antropólogo social, Luis Álvarez Munárriz.

Finalmente, el prelado de Cafayate Demetrio Jiménez Sánchez-Mariscal, interroga: ¿cuáles han sido los resortes que el hombre calchaquí ha deplegado para llegar al momento en que estamos? ¿Desde dónde lee la realidad, «su» realidad? ¿Cuál es la clave de su sinfonía – o «diafonía»- vital?.

Y concluye: «Los pueblos despliegan su historia como complejo entramado de significaciones heredadas, creadas por el hombre y transmitidas, marco y horizonte de referencia. Es en el espacio de la imaginación y en el tiempo del símbolo donde nos ubicamos. Esta es su leyenda, desde ahí lee la realidad. Lo legendario es el mundo del ensueño. Y tiene sus propias leyes, su lógos, su lógica.

Diario Cafayate