Editorial Marzo 25, 2017

El dilema de la calidad institucional

Congreso de la Nacion Argentina

Cuando pretendidos reformadores repiten la frase “la oligarquización de los partidos”, se cuidan muy bien de no señalar que las organizaciones democráticas se defienden más de esa deformación, que las que no lo son.

Frente a estas concepciones y distorsiones que entienden a la democracia como un marco estático y establecido de luchas por el poder, es imposible pensar en una concepción más avanzada y dinámica.

El trípode programático formado por la democracia participativa, la ética de la solidaridad y la modernización de las estructuras sociales constituye una base sólida para un proyecto que podría adoptarse entre sectores políticos y sociales diferentes.

El reordenamiento democrático precisa del concurso de todos desde su lugar de trabajo y desde su respectivo grado de responsabilidad para hallar marcos de acción común tanto en la distribución de los recursos como en la generación de los mismos.

La convergencia de fuerzas políticas y la concertación de fuerzas sociales en el marco de un pacto democrático fundante de una nueva etapa no haría más que interpretar el anhelo y las expectativas de la sociedad en este momento histórico.

El egoísmo de los sectores detentadores del poder económico han encontrado en las ideas neoliberales y en las relacionadas a una nueva visión de la sociedad civil el basamento de una ideología correspondiente a una irrenunciable función pedagógica en el seno de la sociedad.

Organizaciones no gubernamentales y de economía social, máxime cooperativismo y mutualismo, están referidas a lo que se denominan partidos progresistas, ya que los ubicados en la derecha se acomodan a la nueva situación, mientras otros adoptan formulaciones híbridas de populismo.

Existe una tendencia que direcciona hacia la derechización y a nuevas y desconocidas formas de absolutismo económico, más graves y mucho más hipócritas que aquellas contra las que se levantó el liberalismo originario.

El liberalismo de estos sectores tiende a desaparecer, por lo menos en sus formas tradicionales en el terreno económico, porque cada vez más se advierte, al lado de los mercados regulados, un nuevo tipo de “razones de Estado” que exhiben sin reparo alguno, “la mano invisible”.

Las doctrinas surgidas del federalismo argentino han logrado la mejor posición para la correcta interpretación de la calidad institucional, a partir de la convergencia de diferentes ideologías, pero con el eje político debidamente caracterizado.

Esa caracterización ha significado la inspiración igualitarista con raíces en el federalismo y autonomismo tradicional, adaptado al patriótico respeto institucional, ampliamente representado por las democracias liberales.

La crisis democrática y sus direcciones accidentales se habían apartado de su deber histórico. Evitaron la lucha contra las expresiones nacionales e internacionales del privilegio y favorecieron de este modo su predominio en la vida argentina.

La infiltración de tendencias conservadoras pospuso la defensa combativa de los derechos vitales del hombre del pueblo y de las exigencias del desarrollo nacional; la marcha por el camino de la pacificación es la única para alcanzar el encuentro de la razón política.

De la Redacción de Diario Cafayate