Sociedad Septiembre 2, 2019

Educación: emoción y escuela

niñas, escuela, Cafayate, Argentina

Las emociones forman parte de nuestras vidas y están presentes en cada momento y en cada espacio, son parte esencial de la experiencia humana, antes que seres pensantes, somos seres emocionales. La parte de nuestro cerebro que se encarga de procesar las emociones se construye antes que la parte responsable de nuestros procesos cognitivos.

La gran importancia que tienen las emociones en la vida y en especial en la vida de los niños y adolescentes, que están desarrollando sus capacidades, hace que la escuela sea un lugar idóneo para su exploración y aprendizaje y, como señalan diversos estudios de referencia, en nuestro país y en el exterior, es necesario que las emociones se integren en la programación curricular, para el desarrollo integral del niño.

Hoy en día escuchamos frases como “antes era distinto”, “los tiempos han cambiado” o la frase del momento “estamos en crisis”, slogan que afecta a tantos ámbitos como podamos imaginar. Esto sumado a vivencias cotidianas que se traducen muchas veces en malestar, ansiedad, estrés, incertidumbre, preocupaciones, obligaciones….la sensación es de “cada día más” y esto nos lleva a los adultos, a sentirnos muchas veces cansados.

Vivimos en la “Era del Más”, más actividades, más responsabilidades, más compromisos, más desafíos, más presiones y más exigencias, pero…¿CÓMO NOS SENTIMOS? Y se escucha decir: “desbordado”. Ni mencionar la nota que nos llegó del colegio, en la cual nos llaman a una reunión, porque nuestro hijo presenta ciertas dificultades, no presta atención, molesta a sus compañeros y le contestó a la maestra.

En ésta escena imaginaria, hay algo que siempre queda al margen o en silencio, eso es las Emociones y esto es esperable ya que nadie nos enseñó a reconocer qué nos pasa, a expresar nuestras emociones y saber manejarlas. Aprendimos a conocer el mundo en sus diferentes aspectos, historia, geografía, matemáticas, lengua, ciencias… “de la piel hacia afuera”, a hablar sobre lo externo, pero nadie nos enseñó a hablar de nosotros, ni desde nosotros, de cómo nos sentimos, del encuentro con un otro, de cómo vincularnos, cómo resolver los problemas y cómo gestionar nuestras emociones. Descubrir qué nos pasa hacia adentro, eso es INTELIGENCIA EMOCIONAL y la buena noticia es que se aprende y puede enseñarse.

La escuela en un ámbito lleno de emociones, las sonrisas de los alumnos, los gritos en el patio, los miedos ante un examen, la ilusión de ser elegido para jugar en un equipo, la frustración por una prueba no aprobada, la satisfacción por un trabajo bien hecho, la vergüenza por una crítica delante de la clase, el aburrimiento ante un tema que no se entiende o no interesa, la alegría cuando se consigue resolver un problema, los celos entre compañeros, la angustia por la ofensa de un amigo, el enojo ante un reto injusto, el agradecimiento por la ayuda recibida, la valentía de hacer algo difícil por primera vez y así podemos seguir mencionando muchas otras situaciones.

Las emociones siempre han estado presentes en la escuela, aunque no se han tenido en cuenta de forma explícita y consciente. Todos estamos de acuerdo en que la finalidad de la educación y el objetivo compartido, tanto por padres como por los docentes, es el desarrollo integral de los niños y así pueden distinguirse cuatro dimensiones: la física, la cognitiva, la emocional y la espiritual. Pero sucede que muchas veces la preocupación se centra más de cómo se portan y de cuánto aprenden, olvidándonos que el mundo de las emociones incide directamente sobre la felicidad, mucho más que los otros dos aspectos.

Isela Bertolucci – Licenciada en Psicología