Editorial Febrero 14, 2016

El kirchnerismo, tarado

Plaza de los Artistas K Saavedra

Uno de los acontecimientos más importantes del gobierno de la República Argentina en 2015, fue la resolución histórica en Naciones Unidas que brindó un importante respaldo a los esfuerzos impulsados por el país sobre los procesos de re estructuración de las deudas soberanas.

Durante la Asamblea General de septiembre de 2015, aprobaron masivamente una resolución que pondría límites a los abusos que sufren a la hora de las negociaciones los países en vías de desarrollo, frente a los denominados fondos buitres.

“Es una forma de ponerle límite a los fondos buitres, que amparándose en la falta de una legislación global, han aprovechado y han usufructuado sobre la pobreza de muchos de los países”, dijo el entonces canciller argentino, Héctor Timerman.

Otro de los acontecimientos más importantes del gobierno de la República Argentina en 2015, fue el fin del mandato presidencial de Cristina Elizabeth Fernández de Kirchner, durante doce años de la coalición del FPV (Frente para la Victoria).

Durante el mandato del presidente de la República Argentina, Mauricio Macri, referentes políticos, integrantes del Partido Justicialista que fundó Juan Domingo Perón, abandonan el kirchnerismo y denuncian procesos extorsivos por parte del gobierno del FPV.

“Somos la expresión política que generó el enorme esfuerzo para la recuperación de la democracia, que no se acepte la voluntad popular, es una vergüenza”, dijo el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, en referencia a la ex Presidente Cristina Fernández.

Como una radiografía, el peronismo experimenta para sí mismo un padecimiento que porta el apellido Cámpora, y que no es ni fue más que una circunstancia. Lo mismo sucede con el kirchnerismo, tarado; una mala interpretación de la justicia social.

El peronismo, convertido en Partido Justicialista, no permitirá la subsistencia del camporismo, menemismo, kirchnerismo y fernandismo, porque nadie podrá expropiar la política y doctrina del nacional socialista, Juan Domingo Perón.

“Compañeros: hace hoy veinte años que hablé por última vez a los trabajadores argentinos. Les recomendé que ajustasen sus organizaciones porque venían días difíciles. No me equivoqué, pese a estos estúpidos que gritan”, enunció Perón desde la Casa Rosada, ante una multitud.

Por entonces, Montoneros fue una organización política de la izquierda peronista, que luego se vio reconocida como un grupo guerrillero que se enfrentó a las Fuerzas Armadas de la República Argentina, durante el gobierno de facto que llevó a cabo una dictadura militar.

Muchos de los integrantes de la agrupación política, La Cámpora, son hijos de ex integrantes de la agrupación Montoneros, algunos muertos y otros desaparecidos. La mayoría envueltos en la guerra interna más sangrienta que aconteció en la República Argentina.

“En Estados Unidos se espera que uno sea partidario de los indios, que hable mal del país y que sea comunista. Cuando me niego a estas tonterías, a veces defraudo a los que me escuchan”, dijo el escritor, premio nobel y anti peronista, Jorge Luis Borges.

Cuando la agrupación Montoneros retornó a la clandestinidad, los ex presidentes de la República Argentina, Néstor Carlos Kirchner, y, Cristina Fernández, ya no militaban en aquellas filas. Sin ejercer oposición, se hicieron a un lado.

El kirchnerismo, tarado, resultó de la manera que se esperaba. Una porción despreciada por los históricos integrantes del Partido Justicialista. Aún más grave es que los revendedores de política que lo representan, nada tienen que ver con el peronismo.

“Libertad, alegría y trabajo. Cristina volvé. Vamos a volver. Les pido a los compañeros del Frente para la Victoria un baño de humildad para defender el proyecto. No he venido a dejar mis convicciones en la puerta de la Casa Rosada”, dijeron Echarri, Brancatelli, Fernández y Kirchner.

El kirchnerismo terminó con Kirchner y Fernández, no así, el Frente para la Victoria y La Cámpora. Juan Domingo Perón advirtió que le habían llenado el peronismo de cobardes y pensadores de izquierda; en otros términos y más aproximado a los haraganes de entonces.

El kirchnerismo, tarado, se comporta alocado, ha perdido el juicio. No hay referentes, resistencia y revolución. Porque no existe militancia con adhesión y defensa de las ideas. Y así se cierra un capítulo de doce años de política dentro de los 76 que posee el libro del peronismo.

De la Redacción de Diario Cafayate