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Esa maldita costumbre de pegarle a los maestros

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Paro docente, represión, Salta

El escritor y Premio Nobel de Literatura, Bertrand Russell, dijo que «los educadores, más que cualquier otra clase de profesionales, son los guardianes de la civilización».

A tal afirmación hay que contextualizarla en el conflicto del gobierno de Salta con los docentes autoconvocados, y en la actitud de crueldad y violencia que ejercen las fuerzas represivas del Estado contra esas maestras y maestros.

El reclamo de las y los docentes al gobierno, es por la apertura de paritarias para discutir mejoras salariales, y es por fuera de los sindicatos que no movilizan a muchísimos integrantes de la educación salteña.

Las maestras y los maestros desconfían de los gremialistas y los acusan de tener una posición «dialoguista» con los ministros. El sector autoconvocado, demanda una recomposición escalonada del 25% de sus salarios y un bono de 10 mil pesos.

La brutalidad policial hacia las manifestaciones de las y los docentes, es ejemplo de que el estado salteño tiene dificultad para resolver conflictos sin el uso de la violencia y la represión

Tal afirmación no pretende desmejorar la imagen de las instituciones de poder, sino que propone un análisis sobre el conjunto de costumbres y normas que sirven de guía para dirigir sus acciones sin necesidad de tener que considerar cada una de ellas.

Pero imaginemos por un momento que a los hijos de los policías, sus maestros los aporrearan cada vez que les hacen un reclamo. No sólo sería una infamia, sino que representaría una actuación fuera de la normas de cultura, en especial de carácter ético.

Los aparentes dilemas morales que algunos medios de comunicación y sus gobiernos postulan, no alcanzan para rebatir a los que la madurez de la sociedad continúa planteando.

Frente a los reclamos y las represiones, hay quienes responden solo por miedo a la autoridad o por intereses personales, quienes justifican sus decisiones en las expectativas interpersonales y quienes fundamentan su proceder en un bien superior, como la necesidad de orden y convivencia; éstas últimas entienden que la educación es un valor en sí mismo y que la moral no puede ser compartida.

Natalio