Estrés: alarma, resistencia y agotamiento

Estrés

Cafayate | Estrés – El estrés fue descripto por el científico austro-húngaro Hans Selye, quien desarrolló la idea de SAG (Sindrome de Adaptación General). Es interesante destacar que su descubrimiento surge a partir de una investigación fallida, pero a pesar del fracaso logró desarrollar una nueva teoría e integrar sus conocimientos con sus experiencias pasadas. Podemos preguntarnos ¿en esas circunstancias Hans se habrá estresado?.

Los experimentos iniciales estuvieron orientados a descubrir una hormona sexual, para lo cual inyectó a ratas con extracto de ovario. Un análisis meticuloso de los resultados le permitió observar una serie de cambios, Selye pensó que se hallaba ante el descubrimiento de ésta nueva hormona. Para corroborar los resultados procedió a inyectarles otras sustancias, con la sorpresa que aparecían los mismos síntomas, como caída del pelo, irritabilidad, úlceras gástricas, duodenales e hipertrofia de la corteza adrenal. Le inyectara lo que le inyectara los resultados eran idénticos. La hipótesis inicial se derrumbó, la hormona nueva no existía.

En esas circunstancias recordó cuando él estaba haciendo su residencia médica en sus primeros años cuando atendió algunos pacientes que se quejaban y presentaban síntomas generales, como fiebre, cefaleas, dolor abdominal, insomnio, ansiedad, irritabilidad, pérdida de peso, dolores en las articulaciones y erupciones, situación sintomática que no se asociaba a ningún cuadro específico, lo llamó “síndrome de estar enfermo”, pudiendo observar una notable similitud con sus ratas enfermas.

Aquella experiencia le permitió argumentar una nueva teoría que asociara sus observaciones, descubrió cómo responde el cuerpo ante el peligro y ésta reacción representa un esfuerzo del organismo para adaptarse a ésta nueva situación, así postula este nuevo paradigma, el Sindrome de Adaptación General.

– ¿Qué es el estrés?

Estrés: “Toda situación en la cual las demandas externas (sociales, laborales, familiares) y/o demandas internas (psicológicas) superan nuestra capacidad de respuesta. Se provoca así una alarma orgánica que actúa sobre el sistema nervioso, cardiovascular, endócrino e inmunológico, produciendo un desequilibrio psicofísico y la consiguiente aparición de la enfermedad”. Servicio de Medicina del Estrés. Hospital Central de San Isidro.

Si tuviésemos que definir al estrés en una sola palabra sería: DESEQUILIBRIO.

El estrés incluye tres etapas:

ALARMA: Se produce en los momentos iniciales de enfrentamiento con la situación estresora. Los cambios fisiológicos están realizados en función de producir el mayor despliegue del organismo para lograr huir o luchar, acá se pierde el equilibrio, la homeostasis.

Algunos cambios pueden ser: aumento de secreción de adrenalina, mayor energía y se agudizan los sentidos para que seamos capaces de recibir mayor información del medio que nos rodea, es momento de “estar alerta”; taquicardia, aumento del ritmo respiratorio, mayor nivel de azúcar en sangre, aumento del flujo sanguíneo a los músculos, dilatación de las pupilas..

Este estadio de alarma no es algo que pueda mantenerse constante, si el organismo sobrevive y el estímulo nocivo persiste, pasamos a la etapa siguiente.

RESISTENCIA: Si el peligro sigue estando presente, lo mejor que puede hacer el organismo es asegurarse la mejor distribución de los recursos para que no se agoten. Esto requiere un gran esfuerzo y por consiguiente un desgaste mayor para mantenerse activo. Se ponen en marcha mecanismos de ahorro de energía. La emoción predominante es la ANSIEDAD.

Esta situación de esfuerzo sostenido provoca cambios emocionales y síntomas físicos como: irritabilidad, tensión, poca tolerancia, impulsividad, dolores musculares, fiebre, alteraciones hormonales, sexuales, desórdenes estomacales, insomnio, dificultades para concentrarse y recordar datos, fobias, miedos, sensación de fracaso.

Si ésta situación se prolonga en el tiempo (uno a tres meses) pasamos a la siguiente etapa.

AGOTAMIENTO: en ésta etapa se ha perdido la capacidad de resistencia, esto no es porque le falten al organismo nutrientes o calorías, ya que pudo haber comido en respuesta a la ansiedad en la etapa anterior, lo que se perdió es la capacidad de adaptación. Se produce ante la incapacidad de afrontar la tensión estresora por más tiempo, ocurre un desbalance en el organismo y el cuerpo colapsa. La emoción predominante es la DESESPERANZA.

Como resultado del estrés continuo, durante ésta etapa, pueden surgir una variedad de enfermedades, entre ellas se encuentran: hipertensión, ataque al corazón, úlceras, trastornos gastrointestinales, migraña, alteraciones dermatológicas, accidente cerebrovascular, alteraciones nerviosas.

No todos los estresores condenan obligatoriamente a pasar por las tres etapas de reacción, pero cuando estamos expuestos a muchas situaciones estresantes, estos pequeños estresores pueden tener un efecto acumulativo.

Otro aspecto importante a tener en cuenta son nuestros pensamientos y la percepción sobre lo que nos sucede. En el estrés los hechos que lo generan pueden ser reales o imaginarios, por ej. si creemos que alguien representa una amenaza para nuestros intereses, no importa si lo es o no, porque el creerlo así es suficiente y se desencadena toda la secuencia del estrés. En el estrés no importa lo que sucede, sino lo que uno cree que sucede. Como dice el dicho: “Las cosas son según el color del cristal con que se mire”.

No hay vida sin estrés, solo hay que controlarlo y utilizarlo de manera adecuada. El estrés es útil para alertarnos, defendernos, nos prepara para enfrentar una situación en defensa de nuestra integridad, pero ¿dónde está la diferencia?

– Registrar dónde está el límite. El hombre de hoy tiene tendencia a encontrarse con su sistema de estrés en activación constante, esta situación no te permite disfrutar la vida hoy, este día, con tus afectos, con tu espacio, aprender a valorar y poder parar a tiempo, sino lo hacemos se genera una hipoteca que se paga con salud en el futuro próximo.

Nuestro desafío diario: usar adecuadamente nuestro sistema de estrés, encarar un estilo de vida sano, registrar nuestros estresores internos y externos, gestionar nuestras emociones, tener un buen descanso, una buena alimentación y cuidar nuestros afectos, socializar, compartir, dar.

¿Sabían que el estrés se contagia? SÍ, a través de nuestras neuronas espejo. Las emociones positivas también, así que ésta semana al despertar, antes de entrar al trabajo, en nuestro hogar o al salir a la calle los invito a pensar ¿Qué estado emocional voy a contagiar hoy?

Isela Bertolucci – Licenciada en Psicología | Diario Cafayate