Economía Julio 16, 2018

Etiquetado de vinos: ingredientes y declaración nutricional

Etiquetado de vino

El mejor anuncio es…, la propuesta presentada a la Comisión de Salud de la Unión Europea (UE), por las asociaciones europeas que representan al sector de esas bebidas el pasado 12 de marzo, en el marco de autorregulación, para el etiquetado de los ingredientes y la declaración nutricional sobre las bebidas alcohólicas comercializadas en el espacio de la UE. La propuesta abarca en forma conjunta a todas las categorías de bebidas (cerveza, sidra, vino y licores) y especificaciones desarrolladas por cada sector (es decir, el vino).

Huelga aclarar que la normativa europea actual, vigente desde 2011, exime a los productores de cerveza, vino o bebidas espirituosas a informar en las etiquetas de su composición y del aporte calórico; entre la normativa para el etiquetado de la OIV, que se inspira en e Codex, se la reconoce como facultativa del operador, flexible para proporcionar aquella información cuando se hace referencia en la etiqueta a la historia del vino, por ejemplo; por su parte el Reglamento Técnico del Mercosur, apunta: “Salvo cuando se trate de alimentos de un único ingrediente (por ejemplo: azúcar, harina, yerba mate, vino, etc.) deberá figurar en el rótulo una lista de ingredientes”; en tanto, entre nosotros, algo parecido, por disposiciones complementarias del Código Alimentario y la ley de Vinos.

Vuelvo al tema sobre cambios en el sistema de etiquetado en Europa. ¿Estamos en presencia de una propuesta histórica innovadora y moderna, tras la que distintas asociaciones europeos que operan de forma colectiva y constructiva y en igualdad de condiciones, proponen proporcionar voluntariamente a los consumidores información y opciones sobre el contenido nutricional del vino? ¡Sin duda! ¿Cuál es el interés del consumidor en esta propuesta? Es doble, a la vez de conocimiento y de responsabilidad empresarial.

Interés de conocimiento de qué introduce en el organismo: yo quiero pensar que todo esto sirve para que la gente tome conciencia de lo que bebe. Si sirve para que se sepa un poquito más qué se bebe, solo un poquito más, creo que merecerá la pena. Y la verdad es que en estos últimos treinta años han cambiado mucho las cosas, porque hoy en día nosotros y europeos, de alguna forma, tenemos presente, que el placer de beber, tiene que ver con el cómo se bebe. Llevamos mucho tiempo “obsesionados” con el tema de la “moderación” en el beber. Pero no tanto sobre qué bebemos. Hoy, parece ser el turno de los ingredientes y calorías que contiene el vino. Es cierto, que en el pasado, el tema generó polémica e inquietud, por ejemplo, se llegó a aducir: 1º es loable, pero la nueva prescripción sobre etiquetado se debe aplicar igualmente a los vinos importados; 2º el aficionado no demanda por los valores nutricionales en la etiqueta; 3º un exceso de información asfixia la información; 4º para Pymes representaría una exigencia compleja y onerosa. Hoy en día, está superado, casi por unanimidad, se reconoce que los consumidores tienen derecho a saber lo que están bebiendo. Coinciden, tanto la Comisión Europea que no ha identificado razones objetivas que justifiquen la ausencia de la lista de ingredientes y la información nutricional en las bebidas alcohólicas, como el empresario Bernard Farges, por la federación EFOW, que lo explicita de manera clara: “Estamos comprometidos a cumplir con las expectativas de los consumidores. El sector vitivinícola europeo no tiene nada que esconder”.

Otra preocupación, que gira en torno al saber qué se consume, y que puede contribuir para que el consumidor europeo reciba la propuesta con satisfacción, es su percepción sobre los efectos que el cambio climático en el sector de la vitivinicultura, sobre todo en escenarios habituales. Por ejemplo, sospecha, que la alta temperatura y escasez de agua, inciden en el grado alcohólico, y la calidad del producto final. En consonancia, el director general de la OIV Jean Marie Aurand, recientemente ha dicho, “la viña es muy sensible el clima”.

Pues bien, cuanto acabo de señalar sobre el interés de conocimiento de qué se introduce en el organismo, no parece suficiente si no me detengo sobre cómo se publicitarán esas advertencias sanitarias, ¿en la etiqueta o fuera de la etiqueta? Justamente en un pasaje elegido de la sustanciosa nota sobre el particular del esfuerzo compartido de “Gilles Boin & Alexandre Maubaret”, se ve lo muy importante que es especificarlo, y que reproduzco: “Entre los temas previos más discutidos fue el referente al medio utilizable para proporcionar a los consumidores la información nutricional y la lista de ingredientes: en la etiqueta o fuera de la etiqueta. La decisión se deja al operador (autorregulación). La industria lo justifica por el hecho de que las tecnologías de información y comunicación se han vuelto ampliamente accesibles. Ahora, para que prospere, la Comisión Europea de Salud tendrá que estar convencida de que la información fuera de etiqueta podría ser suficiente para el consumidor, en un contexto en el que no todos los consumidores tienen acceso a Internet o a un teléfono inteligente”. Cualquiera sea la opción, que la difusión, sea en la etiqueta o por otras vías, no es un fin en sí mismo, sino que tiene una función de interés público.

Finalmente, el interés del consumidor es también sobre la responsabilidad empresaria: dado que regulación novedosa propuesta se hace en el marco del modelo de autorregulación, en esta ocasión el interrogante es, ¿qué es la regulación voluntaria? La respuesta más corta es la siguiente: 1) la autorregulación significa un compromiso propio de los embotelladores de vino frente al consumidor; 2) lo que no implica necesariamente la existencia de un acto legislativo sobre el ámbito al que afecta, aunque tampoco queda al margen de la normativa jurídica vigente, en el caso de que dicha normativa exista. Si se tiene en cuenta la naturaleza particular del vino, un producto agrícola que evoluciona constantemente y la limitación de las leyes en esa evolución, la autorregulación se presenta como una herramienta conveniente para garantizar el cumplimiento de la difusión clara y veraz de sus valores calóricos e ingredientes exigidos desde la sociedad de consumidores. Eso por un lado, por el otro, es la convicción de los asociados viníferos organizados, autores de la propuesta, que no dudan del reconocimiento social entre de los destinatarios finales de su producto, lo que hace que se sientan con autoridad suficiente para el control “per se” del contenido del etiquetado. No obstante, será motivo de evaluación por la Comisión Europea.

Valentín Francisco Ugarte – Abogado
Asociación Internacional de Juristas del Derecho de la Vid y del Vino