Cultura Agosto 19, 2015

Federico García Lorca por Carlos Nelson Vega

Federico García Lorca

“Éste es un mes en cuanto a efemérides muy significativo. Hoy recordamos a Federico García Lorca, excelente eximio poeta español, ajusticiado impiadosamente por el totalitarismo; por la dictadura del franquismo que se dio en España, en uno de los grandes hechos que se considera de lesa humanidad”, comenzó el Profesor Carlos Nelson Vega.

Federico García Lorca tiene muchas obras publicadas; de teatro y poesía. Quiero compartir algunos de sus poemas que pertenece al romancero gitano; todos son sumamente bellos aunque hay uno que siempre se ubica, se lo recuerda, se le cita o escucha en alguna parte: El romance sonámbulo”, se explayó Vega.

A continuación y con un prólogo afinado para su narración, relató:

Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar y el caballo en la montaña. Con la sombra en la cintura ella sueña en su baranda, verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Verde que te quiero verde. Bajo la luna gitana, las cosas la están mirando y ella no puede mirarlas. Verde que te quiero verde. Grandes estrellas de escarcha vienen con el pez de sombra que abre el camino del alba. La higuera frota su viento con la lija de sus ramas, y el monte, gato garduño. Eriza sus pitas agrias. ¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde? Ella sigue en su baranda Verde carne, pelo verde, soñando en la mar amarga. Compadre, quiero cambiar mi caballo por su casa, mi montura por su espejo, mi cuchillo por su manta. Compadre, vengo sangrando, desde los puertos de Cabra. Si yo pudiera mocito, este trato se cerraba. Pero yo ya no soy yo. Ni mi casa es ya mi casa. Compadre, quiero morir decentemente en mi cama. De acero, si puede ser, con las sábanas de holanda. ¿No ves la herida que tengo desde el pecho a la garganta? Trescientas rosas morenas lleva tu pechera blanca. Tu sangre rezuma y huele alrededor de tu faja. Pero yo ya no soy yo. Ni mi casa es ya mi casa. Dejadme subir al menos hasta las altas barandas, ¡dejadme subir!, dejadme hasta las verdes barandas. Barandales de la luna. Por donde retumba el agua.    Ya suben los dos compadres hacia las altas barandas. Dejando un rostro de sangre. Dejando un rastro de lágrimas. Temblando en los tejados farolillos de hojalata. Mil panderos de cristal, Herían la madrugada. Verde que te quiero verde, Verde viento, verdes ramas. Los dos compadres subieron. El largo viento, dejaba. En la boca un raro gusto. De hiel, de menta y albahaca. ¡Compadre! Dónde está, dime? ¿Dónde está tu niña amarga? ¡Cuántas veces te esperó! ¡Cuántas veces te esperara cara fresca, negro pelo, en esta verde baranda! Sobre el rostro del aljibe Se mecía la gitana. Verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Un carámbano de luna La sostiene sobre el agua. La noche se puso íntima como una pequeña plaza. Guardias civiles borrachos en la puerta golpeaban. Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar. Y el caballo en la montaña.

De la Redacción de Diario Cafayate