La filosofía de Demetrio

Demetrio_Jimenez_Sanchez_Mariscal_Obispo_Cafayate

El obispo prelado de Cafayate, Demetrio Jiménez Sánchez Mariscal, consideraba que la filosofía seguía a la vida y que la búsqueda de la verdad la transformaba. Reflexionaba, al igual que el pensador británico Peter Winch, que «una cosa es que uno piense que algo es de una manera, y otra, muy distinta, por qué piensa que es de esa manera».

Demetrio explicaba que por nuestra condición inteligente los seres humanos nos encontramos en el mundo con la inquietud de dar razón de lo real, aunque no fuese necesariamente explicarlo.

«Es la vida misma la que «da razón de ellas», configurando sistemas que conciben por la mente y no por los sentidos», opinaba Jiménez Sánchez Mariscal, coincidente a las ideas de Platón.

El sacerdote gobernador de la Prelatura de Cafayate, aludía a la «Teoría de la Inteligencia Creadora», de José Antonio Marina, para definir a la inteligencia como «la aptitud para organizar los comportamientos, descubrir los valores, inventar proyectos, mantenerlos, ser capaz de liberarse del determinismo de la situación, solucionar problemas y plantearlos».


«Nuestros sistemas de inteligibilidad buscan comprender, es decir, integrar las diversas facetas de la vida con sus vicisitudes en un horizonte de significado y la vida de quien piensa en un marco de referencia sensato, suscitado a partir de la vivencia de los hechos»


Primero, el padre Demetrio coincidía en que la razón es el ser humano capaz de captar significativamente las manifestaciones de lo real, de relacionar datos de experiencia dando razón de ellos y de acceder a nuevas experiencias a partir de la interrelación de experiencias previas.

Segundo, concordaba en que la afectividad es el entramado de energía presente en la intimidad humana, que desde lo inconsciente influye en la vida consciente y condiciona el subconsciente.

Sobre la afectividad indagaba y sostenía los postulados que la aproximaban a la idea de que estaba constituido por impulsos (funciones afectivas que mueven a la acción), deseos (impulsos asociados a la realización de un objeto pretendido), emociones (estados afectivos intensos y relativamente breves), sentimientos (estados afectivos menos intensos y más duraderos que las emociones) y pasiones (estados afectivos intensos como las emociones y duraderos como los sentimientos).

Para Demetrio, en su análisis de José Antonio Marina, todo ello condiciona y es condicionado por la voluntad, que es al mismo tiempo un acto y una capacidad, entendida no en el sentido tradicional de facultad, sino en cuanto concepto psicológico: la inteligencia que se aplica a la acción.


«En nuestras determinaciones configuramos la capacidad de nuestra voluntad, en la que se van determinando motivaciones; tendencias que condicionan los impulsos, los deseos, los sentimientos y las pasiones, pudiendo direccionarlos»


Finalmente, el Obispo Prelado de Cafayate suscribe a la idea de la articulación de posibilidades para el ejercicio de la voluntad y toda realización concreta de algunas de ellas que es lo que llama libertad y que consiste fundamentalmente en el «proyecto de liberarse de las coacciones».

La distinción de lo racional y lo afectivo. No a la disociación, sino a la primacía de uno u otro.

Diario Cafayate