Cultura Agosto 20, 2017

Breve historia del Yoga

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Si nos remontáramos unos seis mil años atrás y nos trasladáramos al otro lado del mundo, seguramente encontraríamos un “todo” muy distinto. Para ese entonces, en India, los antiguos Rishis (“sabios” o “videntes”) buscaban fervientemente a Dios.

Esa búsqueda no surgía del estudio intelectual o de experimentos de laboratorio, sino de la desconocida e ilimitada fuente de sabiduría y conocimiento adquirida durante sus silenciosas horas de meditación; aquel estado en que la mente y el intelecto cesan de funcionar.

Los Rishis, auténticos investigadores de la naturaleza y esencia humanas, fueron creando un método de indagación “personal” con la absoluta certeza de que la “verdad” o “lo Divino” estaba dentro de cada uno.

Nacieron las posturas o asanas, a las que ellos dieron forma inspirados en la observación aguda de la Naturaleza. Bhujangasana (postura de la cobra), matsyasana (postura del pez), adho mukha svanasana (postura del perro mirando hacia abajo), vrikasana (postura del árbol), entre las principales.

Las posturas lograrían un efecto sobre el cuerpo físico y energético del practicante, capaz de desbloquear energía, mantener el cuerpo flexible, fuerte y equilibrado.

Junto a esto fueron desarrollando variadas técnicas de respiración (Prnayamas) con las cuales podrían acceder al control del Prana (energía vital). También estos ejercicios resultarían un paso previo para llegar al silencioso, profundo y vasto estado de Meditación.

Durante mucho tiempo, estas profundas enseñanzas fueron selectas. Sólo tenían acceso a ellas los bhramines (hombres pertenecientes a las castas superiores) o discípulos elegidos. La transmisión se llevaba a cabo de maestro a alumno durante largos y esforzados años.

Sobre el final del siglo XIX, varios Swamis (Maestros) consideraron que era el momento de abrir las enseñanzas al mundo. Y el Yoga se propagó con una fuerza y velocidad impresionantes, llegando a miles de personas en todo el planeta.

Sri Ramakrishna, Swami Vivekananda y Sri Aurobindo, comenzaron a difundir sus enseñanzas en Europa y el Norte de América.

Luego, en el siglo XX, maestros como Osho, Yogui Bhajan, Satyananda e Indra Devi, realizaron invaluables aportes para la nueva humanidad.

En 2014, la Organización de las Naciones Unidas fijó al 21 de junio como Día Internacional del Yoga. En 2016, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura lo declaró Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Miles de personas en la actualidad practican esta vasta disciplina. Hay quienes lo llevan adelante para mantener una figura esbelta y un cuerpo saludable; quienes buscan calmar dolores y mayor tranquilidad; y quienes son investigadores de sí mismos.

Los motivos para la práctica del Yoga son de los más diversos y todos absolutamente válidos. Las enseñanzas atemporales poseen una validez que las hace trascender fronteras culturales, ideológicas, religiosas y etarias.

El nuevo siglo propone una evolución, para que las personas se conviertan en sus propios maestros, a través de técnicas y conocimientos que se encuentran al alcance de todos.

El primer paso obedece a una acción de apertura y escucha del ser más esencial (aspecto que dista del mundo extremadamente materialista) y que solicita, a través de síntomas, una mayor atención y cuidado.

El Yoga ofrece, desde hace miles de años, la posibilidad del encuentro con el Verdadero Ser.