Editorial Octubre 30, 2016

El discurso sencillo de Monseñor José Demetrio Jiménez en la Fiesta de la Virgen del Rosario

Monseñor Jose Demetrio Jimenez OSA Obispo de la Prelatura de Cafayate

En el marco de la solemnidad de Nuestra Señora del Rosario, patrona de la prelatura de Cafayate, celebrada el 7 de octubre, monseñor José Demetrio Jiménez OSA, Obispo de la prelatura, reflexionó en su homilía sobre la anunciación a María: “Dios se anuncia sencilla y humildemente. Su poder es lo opuesto a lo que nosotros entendemos. Poder es servir y el servicio comporta silencio, con frecuencia segundo plano, dar un paso al costado”, expresó.

“La liturgia de la Palabra de la Misa de nuestra fiesta patronal ofrece en el relato del Evangelio según san Lucas la narración de la ANUNCIACIÓN a María, la madre de Jesús, el Mesías, el Salvador, el Cristo, ‘Dios con nosotros’.

Los hebreos habían imaginado de muchas maneras la VENIDA del Mesías. Lo ESPERABAN. Para algunos sería un relevante personaje de la sociedad y la política, o de la empresa y las finanzas, o del mundo del conocimiento y la ciencia… Un líder religioso –en fin- que aglutinaría en su persona las funciones de «Libertador». El modo como se anuncia, sin embargo, DESCONCIERTA.

– No se anuncia en el centro del Imperio, sino en Israel, una colonia romana de la PERIFERIA;

– Y en Israel, tampoco en Jerusalén, capital del mundo judío; ni en su templo, centro de la religión de su pueblo; se ANUNCIA en Nazaret de Galilea, lugar olvidado de una provincia ignorada por los importantes de entonces;

– TAMPOCO se anuncia en una familia relevante de alguno de estos lugares, significativa desde el punto de vista social, con trayectoria reconocida y ascendencia ilustre;

– NO BUSCA las atenciones del privilegio, ni las portadas de los ‘noticieros’ de entonces, transportados velozmente por los ‘chasquis’ de la Palestina de esos tiempos;

– No se anuncia con un majestuoso ritual, sino en la casa SENCILLA de una mujer HUMILDE.

Dios SE ANUNCIA sencilla y humildemente. Su poder es lo opuesto a lo que nosotros entendemos. Poder es servir y el servicio COMPORTA silencio, con frecuencia segundo plano, dar un paso al costado…

Nosotros CREEMOS en este Dios que, en María Virgen, Madre del Rosario, se nos presenta así. Y quienes lo seguimos no podemos olvidar este DETALLE. Porque Dios viene a lugares donde uno no se lo imagina. Por eso SORPRENDE.

Como aquella en que Dios se encarnó, también NUESTRA historia está llena de la grandeza de lo humano y de sus miserias, de gozo y de dolor, de certezas y de dudas, de generosidad y de mezquindades, de evidencias y de perplejidades…

Uno quisiera que con la Anunciación del Ángel a María IRRUMPIERA como sorpresa la FRATERNIDAD, la UNIDAD de nuestro pueblo para edificación del BIEN COMÚN. A modo de aviso continúa manifestándolo el Martín Fierro ‘Los hermanos sean unidos / porque esa es la ley primera. / Tengan unión verdadera / en cualquier tiempo que sea, / porque si entre ellos pelean, / los devoran los de ajuera’.

Uno DESEARÍA que la vida no estuviera signada de intereses mezquinos, de ensoñaciones fantasiosas, de promesas que no se van a cumplir, de somnolencias manipuladoras, de seguridades ficticias…

Uno QUISIERA, al menos por este año, que la fiesta de Ntra. Sra. del Rosario ruborizara nuestra piel con su SORPRESA, despertándonos de la inconsciencia, penetrando hasta la entraña de nuestras oscuridades, germinando entre las heridas de la existencia…

Uno desearía que emergiese alguna ALTERNATIVA a nuestras inercias personales, nuestros bloqueos institucionales, nuestros desencantos sociales, nuestras resignaciones religiosas…

Uno quisiera refugiarse en alguna habitación ÍNTIMA, y cerrar los ojos, alejarse por un instante, sentir en la oscuridad la sorpresa que tuvo lugar en Nazaret hace más de veinte siglos.

Uno DESEARÍA afinar los oídos del espíritu y escuchar el rumor de la vida que desciende a nuestro pueblo por el cauce de las personas que lo conforman.

Uno quisiera, en fin, vivir la fiesta del Rosario como recuerdan sus TRADICIONES más veraces… Porque así DESCENDIÓ Dios a nuestras periferias. Y si estamos en ellas podemos sentirnos dichosos, porque también hoy nos visita. Y si vemos que otros están, no podemos olvidarnos de ellos…

Es tiempo para ANUNCIAR que «todo lo que la Palabra de Dios manda es la caridad y todo lo que prohíbe es la codicia» (La doctrina cristiana 3, 10, 15), como decía hace tanto san Agustín. ‘Dios llena los corazones, no los bolsillos’ (Comentario al salmo 52, 8), reflexionaba el santo africano.

Nuestras más genuinas tradiciones proponen que hay DIMENSIONES de la vida que no tienen precio: el honor, la honradez, la lealtad, la justicia, la verdad, la dignidad, el amor. Quedan fuera del mercado y no deben comprarse ni venderse. Incluso, aunque el mercado ofrezca un buen precio, ESTO NO SE VENDE. Un buen PADRE no se olvida de sus hijos, un buen DIRIGENTE no traiciona a su pueblo, un VARÓN que se diga tal no maltrata a su mujer, una ESPOSA íntegra no humilla a su marido, un sacerdote- OBISPO-religioso/a sirve a la Iglesia sin pedir nada a cambio…

Hay DERECHOS de los cuales nadie debe de ser excluido, mucho menos por beneficios económicos: casa en que habitar, mesa en que compartir, educación, trabajo, sanidad, fe y oración.

Nos corresponde, por eso, PREGUNTARNOS hoy, ante la imagen que simboliza la presencia maternal de Dios en nuestro pueblo, Virgen del Rosario, Madre de nuestra tierra: ¿Cuáles son las PERIFERIAS de nuestra ciudad, de nuestros pueblos, de nuestros parajes, de nuestro Valle?

Nos corresponde discernir si queremos o no ser parte de los discípulos de Jesús, de su grupo de hermanos, de su ‘pequeño rebaño’. Y tener en claro que no forman parte de él:

– Quienes no respetan al prójimo, quienes se aprovechan de los demás, los mezquinos, los egocéntricos, los codiciosos, los rencorosos, los vengativos, los soberbios…

– Quienes lucran a costa de los derechos de los demás, quienes venden alcohol a menores, quienes trafican con drogas o lo consienten, quienes comercian con vidas humanas, quienes atentan contra los que aún no han nacido, quienes distorsionan la diversión con el exclusivo objetivo de ganar dinero…

– Quienes no cumplen con sus responsabilidades en el trabajo, quienes cargan sobre los demás lo que les corresponde llevar a ellos, quienes se aprovechan de los débiles, quienes extorsionan, quienes engañan al que no sabe…

– Quienes no cuidan debidamente de sus hijos, quienes no respetan a sus mayores, quienes esconden sus miserias aparentando lo que no son, quienes se sirven de cargos públicos o eclesiásticos para ser considerados más, quienes piensan que se puede ir al templo y luego ser aprovechado, injusto, mentiroso…

– Quienes se apoderan de lo que es de todos, quienes contaminan el aire que respiramos, el agua que bebemos, la tierra que nos sustenta…

– Quienes no pagan un salario justo a sus trabajadores, quienes no hacen el aporte de las cargas sociales para sus empleados, quienes especulan con el precio de los alimentos, la salud y el techo de los pobres…

Sí forman parte del grupo de discípulos de Jesús, de sus ´pequeños hermanos’:

– El papá y la mamá que sustentan honradamente su familia con el trabajo, el desempleado que busca y pide un trabajo digno, la abuela y el abuelo que se hacen cargo de los hijos de sus hijos cuando éstos no están, el niño- adolescente-joven que se cultiva con el estudio, la música, el deporte para ser una persona de bien…

– El agricultor que cultiva la tierra, el ganadero que cuida sus animales, el docente que pone al servicio de los alumnos su ser y su saber, el comerciante que es equitativo en los precios, el empleado que desempeña dignamente sus quehaceres, el funcionario que se sabe al servicio del bien común, el empresario que tiene en más estima a sus empleados que a su cuenta bancaria, el sacerdote y el obispo que sirven humildemente a su pueblo sin pretender otra cosa que su salvación, la religiosa y el religioso que dan testimonio sencillo de fraternidad desde su comunidad…

– La viejita que devotamente reza el rosario por los suyos y por nuestra Iglesia, la persona que visita a un enfermo con el ánimo de confortarlo, quien acaricia a un niño, quien saluda tiernamente a un anciano, quien sabe acompañar a un adolescente, quien aconseja debidamente a un joven…

– Quienes saben pedir perdón cuando ofenden y perdonar cuando son ofendidos, quienes otorgan una sonrisa al triste, quienes rompen el hielo de la enemistad y a partir de ahora ya no pasó nada, quienes aprecian lo bueno de su casa y de los suyos, quienes colaboran con otros en iniciativas honestas, quienes no pasan indiferentes ante el dolor de los demás, quienes se apiadan de las miserias del prójimo, quienes aman y hacen el bien sin excepción…

En un tiempo en el que oscilamos entre el optimismo y el pesimismo, los cristianos somos gente ESPERANZADA. Sabemos que si seguimos al ritmo de hoy, si nos resignamos a que los codiciosos se apoderen de lo que es de todos, la humanidad y nuestro planeta, también nuestro hermoso Valle Calchaquí, sufrirán daños irreversibles.

Sí somos gentes de esperanza, porque creemos en la CONVERSIÓN, en que se puede vivir de otra manera, de modo sencillo y solidario; creemos que el BIEN puede más que el mal, la CARIDAD que la codicia, el AMOR que la mezquindad.

Y aunque con frecuencia no presentemos ‘una visión agradable el mundo’, ‘allí donde nos encontremos no tenemos más que una pequeña tarea concreta, estar del lado de la JUSTICIA, con los pobres’ (Herbert McCabe, OP, 1926-2001), aunque con frecuencia nos equivoquemos, seamos criticados, no todo esté claro.

Los cristianos somos gente de esperanza: la vida merece la pena ser vivida porque es DON de Dios y Él la sustenta, no obstante las «contorsiones» de la historia, las dificultades, los dolores, los pesares…

El CRISTO QUE DESCLAVA SUS BRAZOS de la cruz para atender las súplicas de los viejitos, y que tenemos aquí a mi izquierda, es obra de Calixto Mamani, artista cafayateño, fallecido el 28 de agosto de 2010 a los 73 años de edad. Fue pintada en 1962 sobre la pared izquierda del atrio de acceso al Hogar de Ancianos «P. Ismael Sueldo» de Cafayate.

Sobre el fondo agrícola y ganadero del Valle Calchaquí, símbolo de su vida y riqueza, resalta la imagen del JESÚS MISERICORDIOSO, que deja de lado su dolor para atender COMPASIVO las súplicas de los pobres. Hasta el perrito lo reconoce y se goza jadeante, como transido, quizá queriendo lamer sus heridas, tal cual lo hace también el de San Roque, devoción tan popular entre nosotros.

AL PIE DE LA CRUZ del Señor, la tierra regada con su sangre hace brotar VIDA NUEVA, porque este es el «Árbol de la Vida», del que Jesús NO SE BAJA porque aún hay mucho sufriente en nuestros valles y nuestras serranías. Sólo en el AMOR INFINITO Y CONCRETO de quien pende en la cruz lo reconoce el pobre. «¡Oh cruz, fecunda fuente de vida y redención!».

Monseñor José Demetrio Jiménez, OSA Obispo de la Prelatura de Cafayate.