Sociedad Octubre 9, 2015

La homilía completa

monseñor José Demetrio Jiménez OSA, Obispo prelado de Cafayate, en la Fiesta Patronal de la Virgen del Rosario, patrona de la Prelatura

“Virgen Santa del Rosario, Madre de Cristo el Señor, nuestro pueblo te proclama, Madre del Pueblo de Dios”. Así canta el estribillo del Himno a nuestra Patrona. ¡Feliz día del Rosario!, de la Madre que Dios nos da, de esta corona de rosas que le ofrendamos. Rosas con pétalos fragantes, rosas también con espinas.

¿Cuáles son, Madre, los pétalos fragantes que hoy podemos ofrendarte?

Agradable es la fragancia que emana de la memoria de Mons. Diego, religioso agustino, nuestro primer obispo, de quien estamos dando los primeros pasos para su posible beatificación.

De él brotan fragancias que pueden ALIVIAR el dolor de nuestras espinas. Su propuesta pastoral sigue vigente entre nosotros, proyecto aún pendiente en varias de sus facetas y recordado en aquellos afamados versos del poeta J. M. Pemán (1897-1981):

“Al nacer cada mañana tan sólo le pido a Dios casa limpia en que albergar, pan tierno para comer, un libro para leer y un Cristo para rezar”.

“Techo, tierra y trabajo”, dice el Papa Francisco. Al día de hoy, aquí, entre nosotros, ¿será una fragancia agradable o una espina clavada en la carne de nuestros hermanos?

¿Cuáles son, Madre, los pétalos fragantes de nuestra Iglesia?

Tal vez lo sea nuestra Prelatura, HUMILDE en sus recursos, grande en sus GENTES, compuesta por quienes “quieren ser contados entre los pobres de Cristo”, NECESITADOS de su gracia a 46 años de su fundación.

La fragancia de nuestro PUEBLO, gran parte de él bajado de sus cerros y valles altos, FIEL en sus tradiciones, GRANDE en su sencillez, que sostiene la fe con el SERVICIO de sus laicos, del que surgen sacerdotes, religiosas y religiosos, que recibe también a otros pastores, religiosas y religiosos a quienes ensancha el CORAZÓN y hace descubrir los dones de Dios depositados en él.

¿Y cuáles son, Madre, nuestras espinas?

¿COMPRENDEREMOS como Iglesia local, Madre, que «nuestro centro está en la periferia”?

¿ENTENDEREMOS los cristianos de nuestros núcleos urbanos que no podemos ni debemos olvidar nuestras SERRANÍAS y valles altos, donde hay gente, y están las FUENTES de nuestras aguas, las nacientes de nuestros RÍOS, donde comienzan sus CAUCES, que quieren darnos agua, pero que como no los cuidemos y dejemos sin atender sus RECLAMOS en algún momento nos pueden llenar de piedras y barro a modo de volcán?

¿EVITAREMOS los pastores la tentación de centralizar nuestra acción pastoral en los núcleos urbanos, y en ellos en el centro de las poblaciones, dejando de lado las MINORÍAS sociales y culturales, a veces geográfica y socialmente alejadas?

¿SEGUIREMOS los cristianos de nuestros núcleos urbanos, donde la estructura pastoral es nutrida, con frecuencia pesada y pasiva, crítica sin autocrítica, fagocitando la vida pastoral de nuestra Iglesia sin asumir la RESPONSABILIDAD que compete «a quien más se le dio”?

¿PRETENDEREMOS que nuestros pastores se dediquen casi con exclusividad a estos lugares, sin animar la vida de nuestra Iglesia con la PASTORAL DEL DÍA A DÍA en el trabajo, en la casa y en la calle, promoviendo las vocaciones a la vida sacerdotal y a la consagración religiosa que tanto reclamamos?

Porque, ¿de dónde van a salir nuestros sacerdotes, religiosas y religiosos sino de nuestras familias?

¿Cuáles son, Madre, los pétalos fragantes de nuestra vida sociopolítica?

Seguro que la buena voluntad de tantas personas que buscan y procuran el BIEN COMÚN como el objetivo prioritario de la vida ciudadana. El TRABAJO SENCILLO de los buenos que sostiene la sociedad en sus precariedades. La INICIATIVA de nuestros emprendedores, que planifican espacios económicos sustentables y honestos, justos y creativos. La disponibilidad de nuestras AUTORIDADES, elegidas para la edificación del pueblo al que pertenecen y de cuyo origen no se olvidan.

¿Y cuáles son, Madre, nuestras espinas?

Entre otras, quizá, alguno de nuestros BARRIOS, edificados precariamente, sin los espacios necesarios para una VIVIENDA FAMILIAR adecuada, sin capacidad para tener una pequeña huerta, o los tradicionales animales para el autosustento.

¿TENDREMOS tierras disponibles y accesibles para los más humildes, para que puedan acceder a un terrenito adecuado para edificar su casa, cultivar su huerta, cuidar sus animales?

¿Se FILTRARÁN entre nosotros entidades económicamente poderosas que pretenderán apoderarse de los lugares donde desde añares vive nuestra gente, aunque sin papeles?

¿CONSTATAREMOS que hay entre nosotros gente de edad con algunas ovejitas en su casa, pero que ha de alimentarlas con fardos de alfalfa que tiene que comprar porque ya no hay LUGARES COMUNITARIOS donde dejarlas pastar?

¿PODRÁN tener nuestras familias en su casa, particularmente las que por generaciones vivieron en el campo, un espacio de TIERRA para cultivar, unas gallinas, algunas ovejas, quizá unas cabras, tal vez alguna vaca, o un caballo, o un burro, o una mula? ¿O solamente tendremos lugar para nuestras motos, autos o camionetas?

¿Nuestra ECONOMÍA, que genera espacios para quienes pueden comprar en moneda extranjera, abrirá algún hueco a la posibilidad de comprar un terrenito digno con estas posibilidades para pagar en cuotas con moneda nacional?

¿Qué sucede, Madre, con nuestros ancianos?

¿Será la burocracia del trámite la que retardará una DIGNA JUBILACIÓN, o una pensión para algún enfermo? ¿O –como puede sucedernos pronto en nuestro HOGAR DE ANCIANOS- no podremos pagar los sueldos de quienes cuidan de los ancianos porque la sofisticación de los trámites de escritorio ve sobre la pantalla de una computadora lo que no aprecia de la realidad: que la gente tiene que continuar viviendo aunque no se ajuste en este momento a unos formularios?

¿TENDREMOS que continuar pidiendo dinero a personas lejanas y de lugares distantes para atender a una NECESIDAD SOCIAL en un espacio donde se produce riqueza y se publicitan emprendimientos en medios de comunicación nacionales e internacionales?

¿Cuáles son, Madre, los pétalos fragantes de nuestras familias?

Sin duda los niños, adolescentes y jóvenes, grandes y chicos, la sabiduría entrada en años en nuestros VIEJITOS, la silenciosa labor en la casa de tantas MUJERES, el afán de PAPÁS Y MAMÁS que ganan con honestidad el sustento de sus familias.

¿Y cuáles, son, madre nuestros desafíos?

La EDUCACIÓN y la FORMACIÓN de los jóvenes en la digna TAREA de la agricultura y la ganadería familiares. Vivimos en un Valle privilegiado –Calchaquí-, con tierra fértil para cultivar, con agua que nos corresponde administrar.

La necesidad de VIVIENDA digna, ESCUELA integradora y SANIDAD adecuada para todos. Un caso particular es el prolongado proyecto aún no concretado de un edificio acorde para la ESCUELA ESPECIAL «Ntra. Sra. del Rosario» en Cafayate. Ya es sabido que nuestra Iglesia quiere colaborar en ello. Pedimos a las autoridades competentes que vean de concretarlo.

LA PROMOCIÓN DE LA MUJER, el cuidado de los NIÑOS, el respeto de los ANCIANOS.

El acceso a la TIERRA para quienes tengan la intención de cultivarla, la necesaria información sobre los mercados y la accesibilidad a los RECURSOS financieros para emprendimientos productivos sustentables.

El indispensable control del delito, particularmente de la VIOLENCIA y del tráfico de DROGAS y de PERSONAS en cualquiera de sus formas.

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La vida es un ejercicio similar al CULTIVO de la tierra: si la desatendemos, si la maltratamos, si no la cuidamos… se echa a perder y nos hacemos daño. Preparemos el terreno, SEMBREMOS, seamos pacientes, reguemos, cultivemos. Y estemos PREPARADOS porque hay plagas, sequías, fríos, desbordes.

Recordemos lo ESENCIAL: el respeto por los demás, el aprecio por lo que somos y tenemos, la atención a las VIDAS MÁS PRECARIAS, a saber, los aún no nacidos, los niños, los ancianos, los hermanos con capacidades diferentes.

Que el varón AME a su mujer y la mujer a su varón, que demos AFECTO a los hijos, CARIÑO a los ancianos, COMPRENSIÓN a quien es distinto, CONTINUIDAD a nuestras ricas tradiciones. Porque en esto CULTURA del pueblo y CULTO a Dios se dan la mano. Así nos lo recuerda nuestra madre María, corona de rosas, que siempre nos espera, «SENTADITA» como madre buena, paciente, sabia.

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Hoy especialmente –y en este año dedicado por el Papa Francisco a la Vida Consagrada- nos corresponde AGRADECER el servicio que a nuestra Prelatura ofrecen RELIGIOSAS Y RELIGIOSOS, sin cuya entrega nada sería igual: Agustinos, Agustinas Misioneras, Hermanas del Buen Pastor, Hermanos de la Sagrada Familia, Hermanas de la Inmaculada Concepción de la Caridad (Azules), Misioneras de Jesús Verbo y Víctima, Terciarias Franciscanas y hermanas y laicas consagradas en la actualidad presentes entre nosotros.

Un reconocimiento también muy especial a nuestros SACERDOTES DIOCESANOS, sin cuya labor tampoco nuestra vida pastoral sería adecuada. Y a nuestros SEMINARISTAS, pocos pero buenos.

Y un reconocimiento especialísimo a USTEDES, desde todos los lugares de nuestra Prelatura y sus ocho parroquias -muchos de ellos PEREGRINOS-, desde las tierras puneñas de Antofagasta a las sierras y los valles de San José, Santa María, Amaicha del Valle, Colalao, Molinos, San Carlos y Cafayate.

Me parece que Dios y su Madre se sienten A GUSTO entre nosotros. Que este continúe siendo su HOGAR.

¡Feliz día del Rosario!, de la Madre que Dios nos da, de esta corona de rosas que le ofrendamos. Rosas con pétalos fragantes, rosas también con espinas. Amén.

Mons. José Demetrio Jiménez OSA, obispo Prelado

De la Redacción de Diario Cafayate