Cultura Febrero 9, 2015

Indio Solari

indio solari y los fundamentalistas del aire acondicionado

La disolución del mito y la aparición de la persona, resultó una de las claves que anticipó el regreso del Indio Solari como solista junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, en 2004. Diez años después el recorrido demuestra, a través de cuatro obras publicadas, la inocencia progressive.

La aplicación de la belleza electrónica, a la obra de un rocker como Solari, sospechaba una condena sobre el final del Siglo XX. Sin embargo, el presentimiento sobre la evolución de la música contemporánea, terminó por darle la razón al Indio, que logró adaptar en música y poesía, un concepto de metáfora digital.

El Indio dijo que “el precio de la libertad es la soledad” y si se destierra la noción de disolución de los Patricio Rey y sus redonditos de ricota, la independencia lo encontró en un desierto de ideas, que solo, podría concretar. No es la intención del artista traducir ideologías, mejor transformarse en la obra.

La soledad encuentra un espacio perfecto que comparte con la sabiduría. La sensibilidad puede ser también un tesoro despreciado por un puerco que vuela en la tormenta. Ya no hay discurso; son sonidos del futuro que se constituyen en el presente. La promesa de que el mundo podía cambiar, y un bello día cambió.

Cuando Indio x Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado presentó El Tesoro de los Inocentes (bingo fuel), la aventura permitió recrear lo que algunos viejos ricoteros habían reclamado silenciosamente: más información ante el enigma que encierra un misterio. Lo nuevo, desconocido, una luz que descubriera parte del futuro.

Todo estaba contenido; el primer disco solista sonó fuerte y tiempo después hubo espacio para el mutismo, la sordera, los gestos y una reafirmación. Entonces, Porco Rex se convirtió en una tarjeta roja, más porno y melódica y hasta preparada como un menú para la autocrítica. Los más jovencitos, empezaban a preguntar y se identificaban generaciones.

El Indio regresó pero nunca se fue, aunque la sucesión dio lugar a una nueva mirada: “ceremonia – tormenta”, como partes del todo en una tercera obra que intentaría balancear bajo el título de: El Perfume de la Tempestad. Esta vez, los “algunos mensajes” fueron más directos, más claros. Y Solari no cedió; aprovechó para tocar un anticipo de libertad.

Finalmente llegó Pajaritos Bravos Muchachitos y los redonditos se volvieron a juntar.; la perfección es inexistente, por lo tanto se opone a sí misma. Una de las formas bonitas que las generaciones entre sí difícilmente sabrán a quién agradecer, porque la estrella cayó, el Indio recogió y el Pájaro se anticipó.

No hay razón para pensar que la obra se desvirtuó. Desde el himno sumerio hasta Johann Sebastian Bach; The Beatles y Donna Summer, todos como parte de un fenómeno enroscado en la popularidad descriptible que no ha alcanzado, aun, a precisar por qué Carlos Solari es el Indio desnaturalizado.

De la Redacción de Diario Cafayate