Editorial Enero 4, 2015

La breve Argentina mafiosa

foto ilustrativa editoria diariocafayate.com la argentina breve mafiosa

La pregunta a por qué a la República Argentina no le ha ido bien en cuestiones socio económicas en los últimos 199 años, tiene una nueva respuesta: es un país mecanizado por conductas mafiosas y extorsivas.

Desde el poder ejecutivo en la presidencia, el parlamentario en las cámaras y el judicial en los tribunales y cortes, se generan interminables focos de crimen organizado, que la sociedad ha alimentado durante siglos.

La mayoría de los argentinos siempre ha optado por tener un “amigo” fiscal, juez, médico, mujer y policía. Y la comprensión nace en la conveniencia, no por la anticipación a una posible conducta delictual, sino, por la posibilidad de atravesar un “contratiempo”.

El fiscal es la parte que acusa dentro de un proceso penal y también, la encargada de llevar procesos criminalistas y penales. Entonces, si el “amigo” debe actuar a favor de uno y en contra de otro, toma un rol fundamental ya que la contraparte puede estar amparada en amistad similar.

El juez es la autoridad pública que sirve en un tribunal de justicia y que se encuentra investido de la potestad jurisdiccional para aplicar la ley y las normas jurídicas. Por lo tanto, como “amigo”, puede moderar cualquier condena, anularla, o bien embestir contra quién no les agrada.

El médico “amigo”, siempre explicara por qué razón es mejor atenderse aquí o allá, aunque jamás revelará el porqué de tan estricta orden. Simplemente ordenará que es lo que se debe hacer y lo que no, para evitar caer en manos de otro que no es mejor que él.

La mujer, y no precisamente, aquella que goza de buena salud ética y moral, es en muchas ocasiones el nexo entre todos los “amigos”. Fiel consejera, compasiva y confidente. La madre de todos los consejos que nadie quiere escuchar, pero que todos deben seguir.

El policía es el “amigo” confiable y más accesible; se puede recurrir a él por diversas cuestiones, pero principalmente porque sus tareas de inteligencia son el índice de la biblioteca para conocer el: “por dónde empezar”, ante un ligero o pesado infortunio.

En todos los casos, los mecanismos que la sociedad les exige a todos estos funcionarios, en su mayoría públicos, están cargados de una sistematización parecida a la del crimen organizado: Un favor, se pide, se paga y por ende se debe devolver.

Gran parte de los argentinos están envueltos en la conducta mafiosa. Y la principal causa es porque la falta de sinceramiento, honestidad e igualdad, llevan a que la premura los convierta en mendigos de la dignidad.

Pero, por otra parte, los fiscales investigan a los delincuentes y los jueces los condenan. Los médicos salvan vidas, las mujeres crían hijos que se convierten en personas de bien y los policías se encargan de cuidar a esos seres humanos de otros iguales que se amenazan entre todos.

La razón por la que los argentinos prefieren tener en su colección de “amigos” a fiscales, jueces, médicos, mujeres y policías, es por qué en un país organizado por el crimen, la injerencia de esos poderes alcanzan para garantizar ciertas seguridades.

Las leyes escritas por los hombres y mujeres de la historia, alcanzan apenas para sostener un vértice del tejido social. Las jurídicas, morales y religiosas se contraponen en la mayoría de los casos y no siempre existen opciones para elegir.

De la Redacción de Diario Cafayate