Sociedad Octubre 19, 2016

Miércoles negro, Ni una menos, nos queremos vivas

Ni una menos vivas nos queremos miércoles negro

Se llamaba Lucía Pérez era de Mar de Plata (Argentina). Tan solo tenía 16 años, pero murió por la brutal violación vaginal y anal, que también incluyó un empalamiento. La joven murió de un ataque en el corazón mientras era víctima de tal atroz abuso. No pudo resistir el dolor. Para violarla, sus verdugos le obligaron a consumir altas dosis de marihuana y cocaína, y cuando estaba en un estado de indefensión, cometieron el salvaje crimen.

El caso salió a la luz el sábado 8 de octubre, cuando dos hombres llevaron ya sin vida a Lucia Pérez en un centro médico de Playa Serena, barrio de donde era la joven. En un primer momento se cotejó la hipótesis de que hubiera muerto por una sobredosis, porque sus agresores la limpiaron y la volvieron a vestir antes de llevarla al centro médico.  Pero en la autopsia, todo salió a la luz.

“Murió por el excesivo dolor”. Esto es lo que concluyó la fiscal que está llevando el caso, María Isabel Sánchez, según recoge el medio marplatense 0223. Además, según este mismo diario, Sánchez habría declarado en otros medios argentinos que “le introdujeron un objeto romo por vía anal que derivó en un reflejo vagal y en un paro cardiorrespiratorio. Fue una agresión sexual inhumana”.  En este sentido, Sánchez reconoció no haber visto nada igual en toda su carrera.

Al día siguiente de la muerte de Lucía Pérez se detuvo a Matías Gabriel Farías, de 23 años, y Juan Pablo Offidini, 41 años, ambos vendían droga e iban a colegios e institutos a captar nuevos clientes menores de edad.

De hecho, se supone que conocieron a la joven el día antes, cuando Lucía Pérez les compró un porro. Al día siguiente, la obligaron a consumir altas dosis de cocaína, droga que la joven nunca había probado. A ellos se les acusa de la brutal agresión y posterior asesinato. En la casa de Farías es donde se perpetró la salvaje violación. Ahí se encontraron tres preservativos y diversos objetos que la policía ha incautado como parte de la investigación.

Los agentes también arrestaron ayer a Alejandro Alberto Masiel, de 61 años. De momento, se cree que Masiel no habría participado en la violación, pero una testigo indicó haberlo visto llegar con una furgoneta a la casa de Farías.  A Masiel se le acusa de haber ayudado a limpiar el cuerpo y encubrir el asesinato. Con su furgoneta, supuestamente, se trasladó a la víctima al centro sanitario, aunque él no entró al recinto médico.

“Esta gente (Matías Farías y Juan Pablo Offidani) la torturó, no murió por la droga, murió por el dolor de las violaciones, el abuso sexual y la tortura. Mi hija no se drogaba”, dijo recientemente a los medios Guillermo Pérez, padre de la menor asesinada.

Pero aparte del inmenso dolor, Guillermo Pérez y su mujer, Marta Montero, fueron amenazados de muerte. El pasado sábado, una semana después del asesinato de la joven, se organizó una marcha para reclamar justicia. Horas antes, dos personas en una motocicleta y que llevaban un arma rondaron por la casa de Pérez y Montero y les amenazaron de muerte. “La gente les tenía miedo porque ellos eran los capos del barrio, no se podía decir nada porque salían y te tiroteaban”, resaltó Montero.

No es un caso aislado

Pese que el caso sorprende por la brutalidad del crimen, lamentablemente, no es un hecho aislado en la región.  De los 25 países con más feminicidios del mundo, 14 son latinoamericanos o del Caribe.

Se llevan la palma los países centroamericanos,  Guatemala, Honduras y el Salvador. Este último es el que lidera el ránking, donde 14 mujeres de cada 100.000 son asesinadas por cuestión de género. En Argentina cada 30 horas se produce un feminicidio, según un estudio de la organización Casa Encuentro.

Pero este no es el único dato escalofriante, sino que el 98% de los casos de violencia contra la mujer quedan impunes en la región. “El feminicidio y otras formas de violencia contra las mujeres en la región siguen en aumento y la aplicación de la justicia continúa siendo limitada, con 98 por ciento de impunidad”, aseguró recientemente Luisa Carvalho, directora de ONU Mujeres.

En mayo, en Brasil se perpetró una brutal violación en grupo a otra menor de 16 años. Según sus mismos agresores, hasta treinta hombres la violaron, aunque la policía barajaba que serían una docena. La chica no dijo nada por vergüenza, pero el caso salió a la luz porque ellos mismos grabaron vídeos, se hicieron fotos y los colgaron en las redes sociales. En Brasil cada 11 minutos violan una mujer.

En ese entonces, se intentó culpar a la víctima de la violación con frases: seguro que iba drogada o borracha, que lucía ropa corta… Y ese es el gran problema que se reproduce en buena parte de América Latina. Más allá de las brutales agresiones, el lenguaje que se usa para justificarlas.

Bajo el lema de #Niunamenos, mañana se pedirá justicia para Lucía Pérez. Esta iniciativa nació en 2015 en Argentina para denunciar los asesinatos de mujeres por cuestión de género y se expandió en países de la región como Uruguay y Chile. Mañana, miércoles, saldrán otra vez a la calle y harán un paro  de mujeres. En esta ocasión, el rostro de la joven asesinada en Mar de Plata liderará la marcha.

No queremos más muertes, no queremos más violencia hacia la mujer, no queremos más cifras, porqué son personas con nombre y apellido. Nos queremos, a nosotras,  las mujeres, vivas, libres, enteras y en nuestra completa esencia. #Niunamenos.

Núria Segura Insa – Diari d’Andorra – Goldman Sachs is not an aftershave