República Abril 1, 2019

El último día de la guerra de Malvinas: “un vuelo para el infarto”

Nicolás Kasanzew en la Guerra de Malvinas

CAFAYATE (redacción) – Fue el único corresponsal, de principio a fin, durante el conflicto bélico que mantuvieron la República Argentina y el Reino Unido. El cronista de la Guerra de Malvinas, Nicolás Kasanzew, como periodista, ofreció un emocionante relato, durante una entrevista en Radio Impacto, sobre su último día en las islas.

Kasanzew se enteró, por el personal de inteligencia de la Fuerza Aérea argentina, que el gobernador militar, Mario Benjamín Menéndez, había decidido rendirse. La idea le pareció insoportable: significaba entregar el material informativo a las tropas inglesas.

“Yo no quería perder el material ni ver a mis amigos, los soldados, levantar las manos frente a los ingleses. Por esas razones le pedía a Menéndez que me dejara embarcar en el buque hospital Almirante Irizar, que estaba fondeando en Puerto Argentino”.

Menéndez le negó el permiso a Kasanzew, y este se resignó a caer prisionero, con gran depresión. Horas más tarde, casi a último momento, lo contactó un suboficial que le dijo: “Mirá, vino un Hércules trayendo un cañón de refuerzo y pueden aprovechar la oportunidad para irse”.

Entonces, Nicolás Kasanzew y su camarógrafo, Alfredo Lamela, decidieron marchar. El aeropuerto, de por sí “era un infierno”. “Las bengalas iluminaban el cielo, y los cañones ingleses estaban tratando de pegarle a la pista”.

Finalmente, unos cien argentinos lograron subir a bordo de una aeronave, aunque, inmediatamente, dieron alerta roja y debieron abandonarla. “Salimos como escupidos por la escotilla de los paracaidistas”.

“Estuvimos un par de horas entre las rocas con las bengalas, iluminando el cielo de los ingleses, hasta que el comandante del Hércules dijo que se iba ´sí o sí´. Subimos setenta, porque otros prefirieron rendirse”.

“Subirse a ese vuelo fue realmente suicida, porque salimos, y el avión, en vez de elevarse, se pegó al mar. Volamos dos horas a oscuras; nos dijeron que nos habían disparado un misil”.

“Cuando prendieron las luces, la tensión nerviosa era terrible. Al lado mío había un suboficial con la 9 milímetros en la mano. Le dije: ´ ¡loco!, ¿a quién querés matar, qué te pasa? ´. Y me contestó que si entraba un misilazo se pegaba un tiro, porque no querría morir ahogado”.

El camarógrafo que trabajaba con Kasanzew se desmayó durante el vuelo y años más tarde descubrió que había sufrido un micro infarto durante el vuelo.

“Fue un vuelo para el infarto”, sentenció el cronista de la Guerra de Malvinas, Nicolás Kasanzew, quien permaneció durante cincuentaicinco días en las islas, hasta el final del conflicto bélico entre Argentina e Inglaterra.

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