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El mensaje desde Argentina y desde el Peronismo

Maradona, CFK, Macri, Francisco

Vale volver a preguntarse que tiene para decirle hoy Francisco a Argentina: Esto va muchísimo más allá de su visita, cuya postergación o incertidumbre habla de la complejidad de nuestra historia y del estado de situación -quizás podría decirse «de salud»- de  nuestra sociedad.

En todo caso, así como está la dimensión global, mundial, geopolítica, pastoral y espiritual del Papa, hay algo que el acontecimiento Francisco, el fenómeno Francisco, el factor Francisco le dice directamente a Argentina, a su imagen y clima cultural, a su política. Pero especialmente al movimiento nacional y popular y, en particular, a todo aquello que se reconoce en el nombre del peronismo. Esto va mucho más allá de lo que (no) permite pensar o decir “Francisco es peronista”. Antes que las disquisiciones que consistirán en definirlo, vale más interrogarse y tomar esta afirmación identitaria desde otra punta. Leerla a contrapelo. Más fecundo es pensar que esta figura que propone figuras tiene algo que debe ser leído, captado, recepcionado activamente por la tradición política popular del país en todos sus niveles y en un amplio abanico.

En esto no hay que esperar otros mensajes que los que lanza urbi et orbi, desde un origen y un humus que tiene que ver claramente con nuestra patria e historia, con el clamor del pueblo en el que nació, creció, pastoreo y en el que hizo, como no podría ser de otro modo, “política”, en sus propios términos. Más allá de lo que él haga, los mensajes hay que leerlos desde acá, no “para acá”. 

Como cualquiera que ejerce su función, Francisco tiene a cargo un mensaje actual y antiguo, en la bastante golpeada pero todavía viva institución que guarda la vieja memoria de redención de occidente, la Iglesia Católica. 

Sobre esto hay que escuchar, leer, disponerse y, sobre todo, hacer una operación de recepción. Como creación y apuesta. En términos de Francisco, sería una cuestión no sólo ni tanto de doctrina (“actualización doctrinaria”), sino especialmente una dinámica que complementa y opone -suplementa- la doctrina con el discernimiento, y de ahí llama la acción plasmada como gesto. Si donde dice Francisco decimos “nosotros”, en términos políticos nacional populares, todos estos términos y tareas -que no casualmente ya existen en el léxico político- se llenan de posibles nuevos contenidos y horizontes.  

Al movimiento nacional y popular, al peronismo, Francisco le propone una confirmación (es lo que hace un Papa: confirma en la fe, en la certeza, en el camino) pero también una provocación-encaminamiento (esa es la función de pastoreo). Y también un llamado a la unidad, con centro en la categoría mayor de pueblo / pueblo fiel / pueblo pobre que le es tan cara (y que también no casualmente, articula la tradición peronista con el mensaje cristiano y especialmente el católico).

Así, considerando la raigambre cristiana del peronismo como humanismo, se encuentra en Francisco una propuesta de volver al núcleo, al origen. A visitar de nuevo la fuente y las fuentes.  Pero también un nuevo impulso para trascender y universalizarse. En dos sentidos: abrirse tomando “más de lo humano” y sobre todo lo que digan las nuevas periferias y exijan los nuevos y ampliados modos del descarte. Esto, in situ, viene acompañado de una invitación a la universalidad, a proyectarse a una escala global e históricamente desplegada en tiempos largos. Proyección de una tradición político-histórica, existencial-espiritual, militante-partidaria de la cual podemos decir que Francisco es un signo pero también un vector y un protagonista. Porque algo del modo argentino de hacer política no-sin-el-pueblo y con el pueblo en el centro, la base y el horizonte, está presente en Francisco a todas luces y en gestos sutiles, en sus titulares y en su entrelinea. 

Francisco es un hombre que llama a reencontrarse con la vida y la belleza renovada del pueblo. Su criterio es simple: toda la acción deriva de hacerse presente. Para quien hace política, Francisco es una invitación a ir al núcleo, a los gestos básicos en torno a los cuales se despliega después la práctica, la doctrina, la ideología, las estructuras, la organización, las tipologías militantes, los formatos dirigenciales y las estrategias. En Fratelli Tutti lo deja muy claro cuando pone, en el documento, lado a lado, la figura del buen samaritano y la cuestión de la mejor política.  

Samaritanía política: el gesto básico de hombre a hombre, persona con persona. Levantar al caído, desviarse del camino y de ahí generar una nueva socialidad a partir de ese encuentro. Conviene no olvidar esto: la parábola del buen samaritano, pieza central de nuestra civilización destruida y decadente, resto luminoso donde podemos encontrarnos, es la respuesta a una pregunta. Y esa pregunta de un sujeto inquieto es: ¿Quien es mi prójimo? 

La respuesta de Francisco, en estos ocho años es simple y contundente. Todos.