República Diciembre 3, 2017

La peor: “El chisme”

papa francisco condena el chisme

“Cuidar la vocación que hemos recibido, como se cuida a un niño, como se cuida a un anciano. La vocación se cuida con ternura humana”, explicó el Papa Francisco I, durante el encuentro que mantuvo con más de mil quinientas personas, en la Casa de las Misioneras de Daca, en Bangladesh.

Luego del canto de bienvenida y el saludo del arzobispo de Chittagong, monseñor Moses Costa, un sacerdote, un misionero, una monja, un religioso y un seminarista dieron su testimonio al Santo Padre de Roma.

En la ocasión, Francisco dirigió unas palabras improvisadas. En su discurso, el Papa advirtió contra “los enemigos de la armonía”, y citó una que, según advirtió, es la peor de todas: “el chisme”.

“Lo que destruye una comunidad es el hablar mal de otros. El subrayar los defectos de los otros, pero no decírselo a él. Decírselo a otro, y así crear un ambiente de desconfianza, un ambiente de recelo. Un ambiente en el que no hay paz, hay división”, aseguró.

Francisco comparó el hablar mal de los demás con el terrorismo: “¡Es terrorismo! Porque el que va a hablar mal de otro, no lo dice públicamente. Y el que es terrorista no dice: ‘soy terrorista’. El que va a hablar mal de otro va a escondidas, tira la bomba, y se va. Y la bomba destruye. Cuando tengas ganas de hablar mal de otro, muérdete la lengua. Lo más probable es que se te hinche, pero no harás mal a tu hermano o a tu hermana”.

Por el contrario, sugirió dos maneras de actuar cuando alguien ve un defecto o algo que debe corregirse en un hermano o una hermana: “Puedes, si es posible, decírselo en persona, cara a cara. Y si, por prudencia, no se lo puedes decir, díselo a quien pueda poner remedio, y a nadie más. En privado, con caridad”.

El Papa se detuvo en este aspecto y lamentó: “¡Cuántas comunidades he visto destruirse por el espíritu del chisme! Por favor, muérdanse la lengua bien”.

El Santo Padre reflexionó sobre un episodio de la vida de Isaías: “En aquellos días surgirá un pequeño brote de la Casa de Israel, y ese brote crecerá y crecerá y llenará con el espíritu de Dios, el espíritu de sabiduría, de ciencia, de piedad, de temor de Dios”.

Por último, el Santo Padre animó a tener alegría, porque “sin alegría no se puede servir a Dios”. “Da mucha pena cuando uno encuentra sacerdotes, consagrados, consagradas, seminaristas, Obispos, amargados. Alegría, alegría en los momentos difíciles. Esa alegría que, si no puede ser risa porque hay mucho dolor, es paz”.

Al término de sus palabras y luego de una oración mariana, el rezo del Padrenuestro y la bendición final, Su Santidad visitó el cementerio parroquial de la antigua iglesia del Santo Rosario, donde bendijo las tumbas de los misioneros y fieles solícitos que sirvieron a esta Iglesia local.