Sociedad Febrero 6, 2018

Pollo orgánico en la dieta

pollo y pollitos organicos pastando

Una nueva costumbre saludable se ha instalado en la alimentación de los jóvenes cafayateños que consumen un pollo criado a campo y alimentado de manera tradicional argentina: a pasto y a grano; a la vieja usanza: con acceso a pasturas naturales. Lo denominan orgánico.

El pollo orgánico es llamado también ecológico o biológico. Puede ser agrícola o agroindustrial, se produce bajo un procedimiento y método que evita que el alimento de los animales sea a través de los que contienen pesticidas, herbicidas y fertilizantes.

Es costumbre en la dieta de los jóvenes de entre 25 y 40 años. Se puede comprar en comercios de Cafayate para adquirirlo a temperatura de entre -2 y -8 grados centígrados, aunque su temperatura de congelado es de -18.

El pollo orgánico es alimentado exclusivamente con nutrientes de origen vegetal provistos por pasturas y granos y por minerales de origen marino que complementan su dieta animal.

El ave recibe un trato y un manejo de bienestar animal hasta que es insensibilizado para su faena como pollo terminado. No ingiere hormonas, ni promotores de crecimiento, ni haría de sangre, ni leche en polvo.

La crianza de aves se nutre del movimiento de agricultura ecológica que surgió en 1940 como respuesta a la industrialización de la producción agrícola denominada revolución verde.

Actualmente la agricultura ecológica es una industria fuertemente regulada, que en países como la República Argentina, requiere certificaciones especiales para poder comercializar sus productos.

La certificación de que los productos cumplan con las condiciones de calidad que se proponen es efectuada por entidades públicas y privadas. La autoridad de aplicación tiene plenas facultades para efectuar supervisiones de los establecimientos de producción y elaboración ecológica.

Los alimentos orgánicos no poseen químicos. Su sabor, color y aroma son de mayor calidad: están llenos de vida. Tienen más vitaminas, minerales y antioxidantes que los productos convencionales y protegen la salud del consumidor y del agricultor.

Un metanálisis descubrió que los cultivos orgánicos tenían un 48% menos de probabilidades de tener cadmio, un metal pesado tóxico que se acumula en el hígado y los riñones.

En la República Argentina, según estadísticas oficiales de controles realizados, el 63% de las frutas y verduras contienen restos de agroquímicos.

Los pollos industriales son alimentados con alcaloides, antibióticos y antidepresivos, coctel farmacológico totalmente lógico en el contexto de la producción intensiva de alimento.

Los alimentos orgánicos logran evitar la manipulación de productos químicos peligrosos que pueden ocasionar daños en el sistema nervioso, riñones, hígado y cerebro.