Sociedad Agosto 13, 2015

Los porqués de las inundaciones

porqué se inundan las ciudades

Si bien se han proyectado infinidad de obras, muchas deben intervenirse y otras ejecutarse, aunque, bajo ningún aspecto, se puede sobreestimar el valor de las mismas. Ingenieros de la Ciudad de La Plata informaron que el objetivo, para esa metrópoli, era evitar que ante una inundación, el agua no sobrepasar el límite de 1 metro.

El análisis de los especialistas, de la capital de la Provincia de Buenos Aires, se basó en las posibilidades técnica y económicamente posibles. Entonces fijaron el límite de 1 metro máximo de agua, ante una inundación, porque se reduce el riesgo de que los habitantes se ahoguen, a pesar de considerarlo, igualmente, una catástrofe.

Es de suponer que las características que tiene una ciudad como La Plata, demanda mayores inversiones que un área pequeña. De modo que hay que relativizar la importancia de las soluciones tecnológicas o de grandes obras. De todos modos, existe una discusión sobre si existe una obra que realmente pueda solucionar todo el problema.

Más allá de establecer una cuestión lineal a la que se le adjudica la totalidad de la responsabilidad, frente a una catástrofe, deben pensarse un conjunto de factores: Cambio climático, función estatal, patrón urbanístico y responsabilidad social. No existe un único responsable frente a lo que se considera un desastre.

Para comprender mejor el fenómeno, es necesario quitarle la exclusividad de las grandes obras. Se ha instalado en la sociedad, la fantasía de que siempre hay una obra salvadora y que el problema está porque esa obra no se ha hecho. Sin embargo, ha habido un conjunto de factores que determinaron la consecución de los hechos.

Cuando antiguamente se fueron fundando las ciudades, se buscaron los lugares más aptos; altos y libres de crecidas. En algún momento de su historia, esa zona privilegiada, de mejor calidad, se saturó y la demografía, comenzó a bajar hacia terrenos de menor nivel, con mayor riesgo de inundación.

El cambio climático plantea que los ríos suben; la demografía que las ciudades bajan. De modo que en algún punto se encuentran y eso desata la catástrofe. Hace treinta años los científicos advirtieron sobre éstos peligros y la irresponsabilidad no ha atendido esa alerta. En la actualidad los decisores se sorprenden, pero es tarde.

El diseño urbanístico supone inexistencia de cursos de agua. Se construye sin tener en cuenta la presencia de ríos y arroyos y en muchos casos, se los desvía o se los tapa. Pero, esas irresponsabilidades se pagan. Generalmente, no las paga el irresponsable; las pagan el conjunto de la sociedad.

La falta de regulación permitió que se pensara en un sector y no en el conjunto del río. Las zonas bajas donde se edificaron barrios enteros, eran los antiguos humedales que cumplían la función de absorber el exceso de agua. Si uno de éstos se seca, el curso del río toma otra dirección. Inevitablemente, la inundación va a existir.

Las decisiones que se tomaron solo agravaron el problema. Ninguna de estas es la causa individual, pero son los factores que evitaron una posible solución. La actual normativa no resguarda a las zonas de riesgo. Por el contrario, autoriza a que si un lugar no se inundó en los últimos cinco años, es apto para la construcción.

La ley suele definir a este tema como la línea de la ribera. Cualquier hidrólogo tendría en cuenta las inundaciones de los últimos cien años y no, la de los últimos cinco. Es necesario cambiar el código de agua de la provincia y revisar la última versión del nuevo código civil que se ha actualizado en 2015.

El código de Vélez Sarfield reglamentaba mantener libre 35 metros en la ribera. El nuevo Código Civil, establece 15 metros. La política del Siglo XXI se define como progresista y la de Vélez Sarfield como liberal conservadora. Sin embargo, en la actualidad se ha privatizado la línea de la ribera para impulsar la construcción de viviendas. Una contradicción.

Las previsiones del Panel Intergubernamental de Cambio Climático, son claras en que en esta zona del país, van a aumentar estos eventos extremos. Hoy más que una solución puede pensarse un paquete de paliativos. Es decir que la construcción sobre las áreas de riesgo sea tenida en cuenta para prevenir males mayores.

Un sistema de crédito para viviendas o para gente que compra un terreno y recibe apoyo estatal como el Plan PROCREAR, implica aprobarle los planos. Es necesario poner en el criterio de los planos, no solo el plano genérico; también el plano específico, para que cada zona esté diferenciada en cuanto al tipo de construcción que debe realizarse.

Ya que el destino de los planes en la Argentina ha sido diseñado para sectores de menores recursos, es probable que a los pobres les vendan un terreno inundable; entonces es necesario protegerlos incluyendo en el PROCREAR todas las características que sirvan como precaución para evitar posibles desastres.

De la Redacción de Diario Cafayate