Sociedad Enero 28, 2017

Educación con diferencias

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Lucila Novello es Profesora de Enseñanza Primaria, lleva cinco años en ejercicio de su profesión, se desempeñó en una escuela comunitaria de enseñanza judía, en una católica, y actualmente trabaja en dos instituciones; una pública y otra privada, ambas de la Ciudad de Buenos Aires. Está vinculada a luchas sociales que reivindican los derechos humanos en varios puntos del país.

Desde la producción del noticiero central de Radio Impacto Cafayate, Novello fue invitada a participar de una entrevista en la que logró exponer las principales diferencias que se dan en el ámbito educativo, ante realidades sociales diferentes, admitiendo que el rol de la familia es educar y el de la escuela formar.

“Básicamente en las instituciones hay dificultades. Pero en la pública se ven reflejados los problemas sociales que nos atacan a todos. En la privada, las dificultades son menores porque los niños tiene un contexto diferente y otro acceso a los medios y a la información”, explicó la Profesora, Lucila Novello.

La educadora se desempeña en una escuela pública en la que la realidad social del entorno familiar, que afecta el de los niños y adolescentes, modifica la forma de trabajo que tienen los docentes y que debe ser atendido de forma prioritaria como modo de contención, antes que la enseñanza académica.

“Mi función es que los chicos adquieran contenidos nuevos, herramientas para poder formarse, para salir a la vida un poco más estructurados y armados. Pero tengo que atacar la violencia y la desidia familiar, y luego sentarme a conversar sobre matemática y lengua e intentar transmitir esos conocimientos”, reveló.

Novello contó que hay chicos que son más abiertos y logran exponer sus problemas, otros que encuentran en la escuela un lugar donde todavía se sienten contenidos, y quienes aprovechan esos espacios para poder hablar. Expresó que disfruta mucho del diálogo con los niños y que su trabajo como docente no se limita a enseñar a leer y a escribir.

“Al tener un campo de diálogo abierto, muchos me plantean sus dificultades y sus problemas más graves. Lo cierto es que ahí detecto que ese chico quizás no está pudiendo alimentarse bien o tiene a su padre o a su madre sumido en la drogadicción. Insisto en que tengo que orientarlo para que no repita esa historia, desde la contradicción”, indicó la Profesora.

En los sectores educativos de poblaciones socialmente vulneradas se presenta un dilema. El rápido acceso a una fuente laboral, para contrarrestar los efectos del entorno, o la continuidad en la escuela a fin de lograr una formación que se proyecte como una garantía de inclusión con base en el la formación académica.

“Yo me pregunto todo el tiempo qué es lo que le sirve más; estoy convencida que es la escuela, porque estudiar brinda herramientas. Si bien uno tiene que tener en cuenta la condición emocional del niño, también debe desempeñarse en el rol para que logre responder ante las exigencias académicas”, analizó Novello.

La Profesora contó que durante las reuniones de padres se pueden dar situaciones violentas y que esa violencia es la misma de la que forma parte la sociedad, ya que es imposible que una persona que vive dentro de un contexto con esas características, no afronte la cotidianidad con el mismo modo de proceder.

“Las reuniones de padres son un caso. En la escuela donde trabajo logro un lugar de entendimiento, aunque las maestras somos exigidas para que los alumnos no repitan, los chicos cambien su entorno, o bien para evitar que los niños abandonen la escuela por la desidia de su núcleo familiar”, advirtió.

Los niños asimilan rápidamente la repitencia porque son conscientes de su recorrido en cuanto a las exigencias académicas. En cambio, los padres, describen una enorme negación. De allí entonces parten las exigencias hacia los docentes para que se les permita a los chicos pasar de grado y alcanzar así un título primario.

La repitencia suele estar asociada a la deserción escolar y a la sobre edad. La ley educativa expresa que si un chico es mayor de quince años, no puede continuar sus estudios en una primaria normal, y que debe asistir a una escuela de recuperación. La dirección de una institución cuenta con la facultad de elevar un pedido de excepción al área ministerial y esperar una eventual aprobación.

“Este 2016 estuve trabajando con sexto y séptimo grado. Los alumnos deben tener doce años, pero tienen quince.  Esta escuela pública recibe muchos alumnos repitentes, entonces quedó sesgada y estigmatizada por aquellos que creen que deben abandonarla porque esas condiciones no se corresponden a su target”, profundizó la Profesora.

“La propia comunidad y conducción es la que clasifica y empobrece por completo a la escuela pública, a través de esa categorización. Es cierto que tenemos niñas y adolescentes que se manejan como si fueran mujeres, pero es porque así se consideran, a pesar de que una advierte que les falta saber un montón de cosas”, continuó.

Cuando se presentan casos de embarazos adolescentes, las maestras suelen ser convocadas por sus alumnas para oficiar de intermediaras a la hora de dar a conocer la noticia a sus padres. Si bien ese rol excede a las facultades del docente, en muchos casos, la realidad social los obliga a flexibilizar las normas para aproximarse al sentido común.

En todos los casos de embarazos que involucran a menores de edad, las instituciones están obligadas a dar aviso policial y elevar los informes a minoridad y a los ministerios educativos. Esto es un protocolo que se utiliza para determinar posibles situaciones de abuso o para comprobar que se trata de decisiones personales y voluntarias.

Lucila Novello tuvo un caso particular durante el último ciclo lectivo. Una de sus alumnos le comunicó que creía estar embarazada y le pidió que fuera ella quien se lo informara al padre, ya que no vivía con su madre porque esta atravesaba una fuerte enfermedad asociada al consumo de drogas duras.

Fue entonces que la Profesora citó al padre de la alumna y, tras comunicarle la noticia del embarazado de su hija, este reaccionó de forma violenta. La chica abandonó la escuela una semana después y regresó a vivir con su madre en un entorno nocivo para una adolescente de quince años.

Pero Novello no se quedó en el lugar. Envió a la casa de la estudiante varios tele fonogramas, citaciones y dio parte al área ministerial para conocer el paradero de la joven, a la que le faltaban apenas unas pocas materias para terminar sus estudios académicos y lograr así un título primario que le permitiera continuar con su formación.

En cuanto a la integración, en todas las clases, existen conflictos. Pero la vulnerabilidad que tiene la escuela pública no la tiene la privada, al menos en el mismo nivel. Esto obedece a que los niños que acceden a una educación más controlada, se encuentran más protegidos en los aspectos generales que componen a la sociedad.

En 2006 fue sancionada una ley en la que las escuelas especiales tienden a desaparecer y sólo existen para atender casos graves. Es decir, casos que realmente necesitan de otra estructura educativa, para un niño que no soporta un esquema de aulas cerradas o padece retrasos, y para los que es necesaria una enseñanza diferenciada.

En toda la República Argentina la ley establece que los niños y adolescentes  deben cursar sus estudios en una escuela normal y confirmar si esas instituciones son adecuadas para los estudiantes. Lamentablemente es donde nace una burocracia, sobre todo en la enseñanza pública, que contrasta con la realidad.

En las familias que tienen una mayor capacidad dineraria, que les permite acceder a instituciones privadas, la integración para cada alumno es mucho más ordenada. El chico tiene su integradora, su plan especial, mayor acceso a la información, herramientas y tecnología”, explicó Lucila Novello, Profesora de Enseñanza Primaria.

Pero lo cierto es que el sistema integrador público está completamente colapsado. En un distrito con veintinueve escuelas existen solo dos personas afectadas a ese trabajo. Van por todas las instituciones, intentando asesorar al docente, sin posibilidad de trabajar con el alumno que necesita un trato uno a uno”, agregó.

Para Novello, hablar de los problemas que tiene la escuela, es hablar de los que tiene la sociedad. Se refiere a violencia, adicciones, abuso infantil y desidia por parte de las familias, este último, como una de los más graves a erradicar y afrontar para poder hallar una solución que contrarreste los efectos negativos que tiene sobre los estudiantes.

“Los niveles de delincuencia dentro de la escuela a veces me asustan. Son casos en que una niña de primer grado roba una computadora, la esconde en su mochila, la rotula con su nombre, y todo con la suficiente instrucción como para organizarse. Lamentablemente a raíz de que sus padres no retiraron la notebook que le corresponde de la sede en donde las entregan”, explicó la Profesora.

El nivel de respeto, tanto en la educación pública como privada, siempre está presente. Se emplean usos del lenguaje distintos y un léxico particular en cada ámbito. Las alumnas de la pública se comportan como mujeres, mientras que las de la privada como niñas. Unas cantan, perrean y bailan reggaetón y cumbia villera y otras hacen lo mismo pero con Soy Luna y Spinetta.

“Yo me cambio el chip todo el tiempo, soy docente y con un sueldo no me alcanza, así que voy moviéndome por todas las instituciones y observando las distintas realidades. Defiendo mucho a la escuela pública porque sé que estos chicos necesitan ser escuchados, y no quiero dejar la privada porque me complementa enormemente”, contó la Profesora.

Novello se encuentra diseñando un proyecto para 2017, junto a sus compañeros de trabajo, que consiste en regalar cultura a través de sábados de juegos, en los que la escuela pública y privada se comparte para que puedan encontrarse cada uno con realidades poco frecuentes. Una combinación enriquecedora tanto para docentes y alumnos.

De la Redacción de Diario Cafayate