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¿Qué hacía Jesús con una prostituta?

La última cena (adaptación).

Humor, análisis y política

La idea de la moral y la ética y de repente Jesús con una prostituta. Encima estaba con muchas mujeres, lo cual ya significaba un problema. Y no eran las patricias o las esposas de la gente importante; eran las comunes y de todo tipo.

María Magdalena era la emblemática y sobre ella habían algunas versiones: una que decía que fue una mujer de cierta capacidad económica y que lo bancaba a él, otra que contaba que estaba poseída y que le habían sacado varios demonios, y la última la de la adultera, (la prostituta).

Pero por sobre el trasfondo general de que Jesús estaba rodeado de mujeres, se destacaba uno: la de la chica que fue a buscarlo después de muerto (la que fue a su tumba), la que demostró que tenía un cariño y un amor especial por él (y que fue protagonista de varios escándalos).

Él estaba con una prostituta y con todos los impuros, con quien nadie quería estar: de frente, una y otra vez.


La enorme tensión estuvo en que la madre de Jesús fue una virgen y su compañera una puta


Una vuelta, los propios le reclamaron a Jesús: «acá está tu madre y tus hermanos». Y él les contestó: «no me importa; mi madre y mis hermanos son los que hacen la voluntad de Dios».

Asimismo, lo importante es que la mujer fue una recurrente: con la adultera, la samaritana o la virgen. También, que Jesús insistía en que «la salvación era con todos y para todos» (al más puro estilo peroncho).

Y otro de los problemas era que en esos tiempos la religión exigía purismo, sacrificio. Por eso el verdadero obstáculo de Jesús no fueron los romanos y el imperio, a los que de hecho trató con displicencia cuando llamó a «dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».

En definitiva, la gran dificultad de Jesús fueron los que le exigían pureza a su propio pueblo: los que proponían la grieta (los supuestos buenos ciudadanos de Israel).


Jesús tuvo problemas porque eligió estar con todos (los impuros) y ese fue el gran escándalo (y por eso lo mataron)


Los romanos, de por sí, quizás no lo hubieran crucificado. Pero adentro de su sociedad generó un escándalo, y eso, en su punto de partida (en su bautismo), cuando salió a la vida pública, cruzó el río Jordán y se separó de Juan el bautista y de los que hacían penitencia (como buenos militantes), hizo que se fuera en busca de la muchedumbre, de las multitudes, (del pueblo).

Juan el Bautista era el líder de la militancia. Su tarea se basaba en purificar a los militantes y lograr que, cada vez más, cruzaran el Jordán; que se sumaran a la selección. Aunque a veces se hacía el patovica (y decidía quién participaba de la penitencia y quién no).

Por eso, el discurso de Jesús (en la escena de su salida a la vida pública) aclara que no es el castigo sino el amor. Una visión que acerca a Dios y que expresa que la pureza es amar a todos.

Entonces, Jesús decide ir con todos a la fase siguiente (hacia el primer milagro). Y va con los buenos militantes (que se estaban purificando) y con la multitud. Y van a una fiesta (y logra que haya más vino).


En el primer milagro logran reparto y redistribución: multiplicación. «Se acabaron los tetra -¿qué hacemos? – Se acabaron los chori -¿cómo seguimos?- Que no se corte Jesús»


Siendo así, el líder y la militancia plantearon la idea de pasarla bien, ahora. Por eso el verbo que más repitió Jesús, en los Evangelios, fue «hacer», y lo que dijo, básicamente, fue «el reino de Dios está entre ustedes».

Pero no dijo: «está entre ustedes, sí se purifican»; no. Más bien, les indicó que era el presente, que era (ahora), aunque en algunos momentos haya vuelto la exigencia de pureza y la idea de que cada tanto la militancia debía retirarse y expiarse.

En fin, en su momento floreciente y de apertura, la conclusión fue: es con todos y, para que así sea, la garantía y la señal, es que con los pobres.

A modo de cierre, lo que hacía Jesús con una prostituta, no era ni más ni menos que simbolizar su ofrecimiento como guía compasivo, prudente al juzgar y claro en permitir a los cristianos asumir que no pueden perdonar el pecado.