Cultura Febrero 25, 2017

Breve reseña de Serenata

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La Serenata a Cafayate es la gran propuesta folklórica del Noroeste Argentino. Todos los años, promediando el verano, Cafayate  recibe a los visitantes “serenateros” de todo el país. Cafayate es música, poesía y canto, es la cultura de su gente, es paisaje deslumbrante, es trabajo fecundo, es el sol de todos los días y el vino que enamora.

En el verano de 1974 (viernes 8 de febrero) se concreta por el esfuerzo de la empresa vitivinícola de don Arnaldo Etchart, el genio poético de César Perdiguero, la colaboración de muchas empresas y la Municipalidad, la PRIMERA SERENATA A CAFAYATE.

Don Arnaldo Etchart, bodeguero, y Don César Fermín Perdiguero, poeta y periodista, conocedores de esta hermosa y romántica tradición se confabularon un día  junto a otros amigos con las mismas inquietudes y características espirituales; gustadores exquisitos de la poesía, la música y el vino, se pusieron a trabajar tras el objetivo de brindar una gran fiesta, una SERENATA para toda la gente de Cafayate.

Ya desde la primera Serenata, se instituyó como canción oficial, el viejo vals de don Julio Camilioni. “Mal de Luna” que según cuentan los mayores, se cantaba en las casas desde hacía mucho, y una de cuyas estrofas dice:

“Me llaman “Mal de Luna” las mozas del lugar

Y toda una leyenda comienzan a tejer

Me han visto por las noches los campos galopar

Dicen que mi guitarra las hace estremecer.

Lo cierto es que mi vida sintió su soledad

Y estoy hecho una sombra de amor, buscándola”.

Otra característica importante de todas las ediciones serenateras, que merece destacarse, es la parte gastronómica.

Rodeando todo el predio donde se ubica el público, se levantan los “ranchos” adonde se pueden degustar las más variadas y exquisitas comidas criollas; empanadas, humitas, tamales, locro, picantes, asado de cabrito y cordero, acompañados de vinos de los Valles, de Bodegas grandes y Bodegas familiares con sus “pateros”.

Desde estos lugares privilegiados, además,  se puede disfrutar del espectáculo, por los altoparlantes,  al finalizar el festival, los artistas se suman para seguir la fiesta hasta el otro día, entreverados con el público,  que puede verlo y escucharlos de cerca. Se arman las “cacharpayas”, interminables e inolvidables, y muchos ven allí salir el sol entre bailes, coplas y canciones.

El cafayateño típico siempre fue romántico y enamorado de la música en sus diversas manifestaciones. La plaza principal, reunía en los templados atardeceres del verano a toda la comunidad que bailaba al compás de la orquesta, donde alguna vez tocó el “Payo Solá” (Gustavo Adolfo Solá había nacido en Cafayate en 1908, fue un músico de oído absoluto, interprete de bandoneón, guitarra, piano y violín) y otros tantos músicos casi olvidados. Hubo una glorieta y una banda de música que alegraba los días de fiesta y  las tardes de los domingos.

Cuando trajeron los restos del “Payo” Solá, fallecido en Buenos Aires en 1962, los amigos poetas y músicos que lo recibieron en Cafayate le rindieron un gran homenaje con un festival en una de las esquinas de la Plaza; al escenario donde se realizó la fiesta se lo bautizó con su nombre. Todo el pueblo de Cafayate, estuvo presente ese día, tanto en La Alameda cuando llegaban sus restos como en el festival, honrando a su querido músico.

Una breve nota periodística de ese día, decía: “Bien dijo alguien que “esto” que empezó como una fiesta en el patio con balcones, habrá de convertirse en noticia nacional. No es un festival comercial sino el empeño de muchos románticos incurables que dan a la serenata el lugar que nunca debió perder…”

En el año 1999, la Serenata a Cafayate cumplió 25 Años, sus “Bodas de Plata”, por este motivo, algunos escritores cafayateños se reunieron y editaron un pequeño libro recordatorio: “Cafayate, en su Serenata de Plata”. En sus páginas se reúnen recuerdos, anécdotas, un poco de historia y geografía del lugar, poesías, dibujos, cuentos etc. Un esfuerzo editorial digno de destacar, hecho por la Municipalidad, para no perder la memoria.

En la actualidad, el predio alberga a unas 12.000 personas en sus plateas, tribunas y sectores de circulación. Pero la fiesta se arma en cualquier lado, en los ranchos, en los campings, a orillas de los ríos Chuscha o Lorohuasi, en las casas de familia, o en la Plaza, adonde siempre convergen los “amanecidos” a encontrar el sosiego y el descanso sobre el fresco cesped, luego de la fiesta.

Adaptado por Juan Ugarriza de la autoría de Hugo Guantay

De la Redacción de Diario Cafayate