República Febrero 15, 2018

“Como puta y feminista”

orellano y picon de ammar

La secretaria general de la AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina), Georgina Orellano, se definió “como puta y feminista” y señaló  que se desempeña como “trabajadora sexual”.  Publicó un libro en el que se refiere a la militancia y a su relación con la prostitución.

Durante el cierre de la presentación del Cosquín Rock 2018, Orellano logró subir al escenario para expresarse. “Estamos arriba por las que ya no están, por las víctimas de femicidios y travesticidios, porque ya no nos callamos más. Para que termine el machismo y los abusos”, dijo.

La AMMAR es una organización que busca beneficios para las trabajadoras sexuales y para la sociedad en general. Surgió a fines de 1994 y se sumó a la CTA (Central de Trabajadores Argentinos), lo que les permitió abandonar la automarginación y reconocerse como trabajadoras.

Se oponen totalmente a la violencia de género y a la violencia contra la mujer; como la disciplina filosófica que estudia el bien y el mal y su relación con las normas y costumbres en sociedad.

Sin embargo, “no toda violencia contra la mujer es violencia de género”, si se tiene en cuenta el orden normativo​ e institucional de la conducta humana en sociedad, inspirado en postulados de justicia y certeza jurídica.​

La violencia fue asociada a la idea de la fuerza física y el poder; al vigor que permite que la voluntad de uno se imponga sobre la del otro.

Es el uso inmoderado de la fuerza física o psicológica por parte del violento o agresor para lograr objetivos que van en contra de la voluntad del violentado.

En una de las paredes de la oficina de Georgina Orellano se exhibe una vagina gigante que diseñaron para la “Marcha del Orgullo” en 2015. Esa misma es protagonista de todas las movilizaciones y reuniones de las que participa la organización.

La secretaria general de la AMMAR está segura de que la organización nació producto de la violencia institucional y reconoce que es una de las peores que padecen y sufren las mujeres que ejercen el trabajo sexual.

“A través de ella comenzamos a dar discusiones internas y a tener procesos de maduración. Para nosotras es indispensable tener una herramienta legal, amparada por el Estado, para que no se vulneren más nuestros derechos”, manifestó Orellano.

El pedido de la organización se orienta a la regularización del ejercicio del trabajo sexual, como uno autónomo, para que puedan “librarse de la clandestinidad” y así acceder a “derechos laborales”.

Al finalizar su educación secundaria, Orellano encontró en la prostitución estabilidad económica e independencia financiera. Concluyó que los otros trabajos posibles estaban feminizados y mal pagos.

Pero en su trabajo, el propio Estado es el que las agrede. Asegura que la peor violencia no es la que viene del cliente, sino de los organismos que deben protegerlas.

Con respecto a su militancia feminista, dijo que estar al frente de una organización como AMMAR es difícil porque sigue “estigmatizado”.

“Lo más fuerte es eso, la militancia, el desgaste físico y emocional, tener que explicar todo el tiempo por qué somos trabajadoras sexuales. ¿A quién se le pregunta todo el tiempo por qué trabaja de lo que trabaja?”, interrogó.

“Desde la organización creemos que todas las voces tiene que ser escuchadas. El Estado tiene que llevar las dos políticas públicas: reinserción laboral y alternativas laborales para las trabajadores que no eligen libremente esa opción y un marco legal y acceso a derechos laborales”, explicó.

Por último, la secretaria general de AMMAR dijo que las mujeres exigen respeto, que no hay que cuestionar a quienes eligen serlo y pidió: “sé solidaria de verdad y respetá nuestra postura de que pensemos distinto”.