República Marzo 21, 2019

“No dejemos a nadie atrás”

mujer síndrome de Down

El síndrome de Down no es una enfermedad y no requiere ningún tratamiento médico. Es una combinación cromosómica natural que forma parte de la condición humana. Existe en el mundo y tiene efectos en el aprendizaje y características físicas y de salud de los seres humanos.

El Día Mundial del Síndrome de Down fue determinado el 21 de marzo para reflexionar sobre el acceso adecuado a la atención, investigación e inclusión en el desarrollo de las personas con características como las que describe ese trastorno genético.

Con la conmemoración se busca “generar una mayor conciencia pública sobre la cuestión y recordar la dignidad inherente y las valiosas contribuciones de las personas con discapacidad intelectual, como promotores del bienestar y de la diversidad en sus comunidades”.

Es importante destacar la autonomía e independencia individual de las personas con síndrome de Down.

Para la celebración de 2019 el lema se centra en “no dejar a nadie atrás”. Plantea la prosperidad que promete que “nadie se quedará atrás”.

El síndrome de Down es una ocurrencia genética causada por la existencia de material genético extra en el cromosoma 21 que se traduce en discapacidad intelectual. La ciencia aún no ha logrado demostrar porque ocurre esto.

Las aproximaciones sugieren que puede deberse a un proceso de división defectuoso, en el cual los materiales genéticos no consiguen separarse durante un parte vital de la formación de los gametos, lo que genera un cromosoma más.

Se desconoce la causa de división defectuosa, aunque no guarda relación con la edad de la embarazada. El material adicional influye en el desarrollo del feto y resulta en el estado conocido como síndrome de Down.

La incidencia estimada del síndrome de Down a nivel mundial se ubica entre 1 de cada 1000 recién nacidos.

Las personas con tal síndrome pueden verse afectadas por enfermedades cardíacas, leucemia y Alzheimer. Entre el 60% y el 80% tienen un déficit auditivo. Cerca del 80% de los adultos superan la edad de los 50 años.

Se puede mejorar la calidad de vida y la salud de quienes tienen este trastorno genético a través de chequeos regulares por profesionales de la salud para vigilar su desarrollo físico y mental.

De esta forma, pueden alcanzar un nivel de vida óptimo a través del cuidado y el apoyo de la familia y sistemas de apoyo basados en comunidades, como educación inclusiva en todos los niveles.

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