Cultura Marzo 1, 2018

Yoga: autoconocimiento, autodescubrimiento y autocuidado

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CAFAYATE (redacción) – ¿Estas respirando apenas un poquito y llamándolo Vida? ¿Dónde estamos mientras la Vida (nos) sucede? ¿Te regalas un momento para contemplar sin hacer? Sin hacer nada, nada más que contemplar…

Observemos a los niños, ellos aprenden observando, son campeones en observar, detalladamente, pareciera que no se les escapa nada. Y aprenden, muchísimo, en sus primeros años. Vamos creciendo. Y nos va inundando, tomando,  bien, una necesidad compulsiva de hacer y llenar espacios, llenar, llenar, llenar, con tremendo miedo al Vacío. O bien, el otro polo, un desgano total, apatía y depresión que nos anula. La conexión con la Vida se va perdiendo, se va apagando.

En los tiempos que corren, que literalmente corren, se hace necesario cada vez más la práctica del Silencio y la Meditación. Ya no se trata de temas extravagantes o snobs, la necesidad es real, concreta. Necesitamos momentos diarios en los cuales desconectar de los (excesivos) estímulos exteriores para adentrarnos a nuestro interior. ¿Qué puede aportarnos esto? Por un lado descanso, físico y mental. Nos brinda calma, tranquilidad, y esto trae claridad, nuestros pensamientos se aclaran, creamos espacio en nuestra mente. Nos ayuda a conocernos mejor. Como los niños que observan para conocer. “Mirar (nos) hacia adentro” nos ayuda a conocernos. Un momento de silencio y quietud en nuestros días va creando mayor intimidad con nosotros mismos, resultando en que nosotros mismos seamos “nuestras mejores compañías”,   que no nos escapemos de nosotros mismos, que sea linda y buena nuestra compañía. Y esto no es egoísmo, las relaciones con los demás se construyen desde cómo nos relacionamos con nosotros mismos. Y hay mucho que des-aprender…

En mis clases, que resultan una extensión del proceso personal que ando caminando, pongo mucha atención, o cuidado, en el trato que nos damos a nosotros mismos. Es común que las personas lleguen estresadas, doloridas, cansadas, aturdidas (por algo buscan la práctica de Yoga y son tan bienvenidos), y lo que noto es que llegan con un tipo de relación con su cuerpo bastante violento. Como si su cuerpo fuera una especie de objeto o maquinaria a la cual tienen que “amaestrar”, que “domar”. De manera que el ego les pide que tienen que llegar a tocarse el pie con la mano, o que tienen que lograr realizar una torsión espinal perfecta… Y prolongan un trato de excesiva (y a veces cruel) auto exigencia, un trato de profundo des-amor hacia ellos mismos.

La invitación es a practicar, ensayar, desarrollar, lo contrario. Ir estableciendo un vínculo de profundo amor hacia uno mismo, cuidando de no caer en vanidad, o auto-complacencias limitantes. Pues el desafío siempre es necesario para crecer, sino nos vamos quedando en el mismo lugar, estancados.

Y esta intimidad, este tipo de trato, de vínculo que vamos desarrollando con nosotros mismos se hace extensivo, irradia, hacia los demás y nuestro entorno.

Que la Vida es Sagrada, es un Regalo, no la desperdiciemos.

Yoga es más que posturas físicas, y no por desmerecer al aspecto físico que nos da el Yoga, pues trabaja profundamente en nuestros músculos, articulaciones, nervios, y demás sistemas. Lo interesante es que lo hace desde la Conciencia, desde un lugar que está más allá de nuestro cuerpo, desde ese “espacio” que lo habita y lo vive.

Y nos dicen nuestros maestros yoguis, “lo que vale es la práctica”, “99% de práctica y 1% de teoría”. El conocimiento se vuelve sabiduría cuando pasa por nuestra experiencia.

Empieza, anímate a lo nuevo, anímate a probar, no perdes nada y podes recibir mucho, no de mí, sino de vos, de tu intimidad, esa parte que Sabe.